4 julio, 2011

«El hombre sin acción» en INVITE de El Mercurio de Valparaíso

Cuando en el 2009 apareció “Antología del nuevo cuento chileno” (Editorial Forja) no supe qué decir respecto al libro. No escribí nada al respecto. Quedé entusiasmado, no tanto por la prosa en sí misma de Díaz Klaassen (tiene varios registros), sino por el atrevimiento de su proyecto: un libro que trata sobre un antologador ficticio, que critica y reseña los cuentos de autores imaginarios, esgrimiendo un manejo de variados estilos como pocas veces se ha visto últimamente. Unos textos más logrados que otros, como todo el mundo, pero… ¿De dónde diablos había salido Díaz Klaassen? Era la pregunta que me acompañó durante algunos días y que luego olvidé por un buen tiempo, hasta unas pocas semanas atrás cuando vi publicado “El hombre sin acción”, su segunda “novela”.

Tal como en la primera, su estructura me pareció antojadiza, quizás porque todos los textos de carácter fragmentario despiertan mis sospechas sobre su origen. Lo demuestra el que la mayoría de ellos termina mal, pasando a engrosar la horda de ejercicios fallidos, la cofradía de novelas que tratan de sostenerse por sí mismas, pero que terminan desbaratándose solas. No, lo de Díaz Klaassen es otra cosa, es el desafío que se impuso el propio escritor para llegar a serlo, contado en clave metaliteraria, con todos sus aciertos y errores. Como en su segunda novela titulada “El hombre sin acción” (Editorial Forja), en la que el autor transparenta el proceso de montaje del mismo texto que nos encontramos leyendo, al exponer sus propias dudas y temores respecto a la calidad artística del libro, a las transgresiones sobre la forma clásica de contar una historia, mientras desvaría sobre la importancia de la crítica y de la literatura, contado a modo del diario de vida de un aspirante a escritor ya fallecido, o mediante los intensos monólogos de su madre.

Me pregunto si Díaz Klaassen escribirá algunas veces sobre algo diferente a la literatura. Si acaso se puede escribir sobre otra cosa, pues escribir sobre la vida, de todos modos es escribir.