15 julio, 2019

Libro “La chica de la patineta” de J. P. Coudeu: enseñar a través de la literatura infantil

Este leve volumen, ilustrado por Miguel Larrea, es un libro que es presente y futuro. Su vida es también en o para otro tiempo. Cuando este pase, cuando hayan pasado muchos años, un día la nieta Amparo tomará el libro y se encontrará con el escritor que le dedicó estos cuentos, su abuelo, y esto en literatura no es neutral: en lo más profundo, algunos libros se escriben para quien se ama, para ese encuentro atemporal o futuro con mucho de resurrección y eternidad.

La dedicatoria del libro dice: «Para Amparo, mi nieta adorada inspiradora de la mini heroína de este libro, siempre atenta a ayudar a los animalitos en problemas«, Está clara la motiación del escritor, J.P. Coudeu, de quien conozco su novela  «Azrahmod, el Engendro» (2012), libro del género fantástico, muy distinto en su temática de este que comento. Es una frecuente tentación para un narrador escribirle una obra a quien es una joya en su corazón, como para algunos padres, contarles historias inventadas en el momento a sus hijos durante la niñez de estos; entonces, para el escritor el desafío es grande. Se puede caer en contar historias que solo creemos que les podrían gustar a esos seres queridos, imitando el lenguaje infantil, desde los extramuros de ese mundo, o se logra conectar con esa dimensión poética de los niños para narrarles desde allí, para ser bien entendidos por quienes habitan aquel «país» mágico, maravilloso, donde todo es posible, el «país de la infancia»… En ese, las leyes las pone la imaginación, la poesía. Y es esto último lo que logra J.P. Coudeu en sus cuentos, en que la heroína es la «niña de la patineta», la que, vestida de simbólico rojo, como la caperucita, habla sin problemas con  los animales, sin que exista barrera alguna.

Pero el escritor quiere algo más que contar un cuento desde la dimensión maravillosa que es habitar ese mundo de la fantasía, donde las tortugas, las hormigas, los grillos, las luciérnagas y las polillas comparten el lenguaje y sentimientos humanos, y aparece entonces el escritor que quieren enseñar, la moraleja, la pedagogía. Cada relato entregará un mensaje para la nieta a la que está dedicado y, también, para todos los lectores, infantes y adultos donde el niño pervive, una enseñanza: «Tenemos que ser ordenados y debemos cuidar nuestras cosas para que duren. ¡Así las disfrutaremos por mucho tiempo!».

Son cinco cuentos; nombro algunos porque los títulos ya nos introducen en ese mundo donde-todo-es-posible-especialmente-lo-bello, donde habita La niña de la patineta y sus amigos, y el escritor, que ha debido ir a habitar allí también. De ese mundo no sale nunca igual, como de Narnia, como del mundo de Alicia en el país de las maravillas: «La chica de patineta y Hugo, la tortuga acalorada«, que perdió su caparazón al ir a bañarse a la laguna, «La chica de la patineta y Emilia, la polilla pretenciosa«. El nombre de «La chica de la patineta», no se menciona; seguramente, en el corazón del escritor, es Amparo en el mundo de la fantasía.

Este leve volumen, ilustrado por Miguel Larrea, es un libro que es presente y futuro. Su vida es también en o para otro tiempo. Cuando este pase, cuando hayan pasado muchos años, un día la nieta Amparo tomará el libro y se encontrará con el escritor que le dedicó estos cuentos, su abuelo, y esto en literatura no es neutral: en lo más profundo, algunos libros se escriben para quien se ama, para ese encuentro atemporal o futuro con mucho de resurrección y eternidad. Son ellos, los cuentos, el regalo más preciado: relatos inspirados en la vista al país de la infancia, para la reina de ese país.

En lo personal, ¿con qué me quedo luego de leído el libro? Con la amorosa motivación del escritor y la memoria de los relatos; la certeza de que habrá muchas letras de estos a lo largo de la vida, y en cada una florecerá un encuentro renovado siempre; la cuidada prosa y las delicadas ilustraciones; el mundo maravilloso al que he sido invitado; el amor que transforma la nieta amada en la heroína de un  mundo fabuloso; el amor por la naturaleza y los animales; el profundo y noble deseo, desde la experiencia, de enseñar para la vida a quien amamos y comienza el camino, del cual somos parte en el milagroso eslabón como abuelos.