2 febrero, 2021

Luis Felipe Sauvalle: “la elite se la pasa en una fiesta a la que el resto no está invitado”

Para ser justos la ceguera de las elites es un fenómeno global: Trump el winner por antonomasia, no asumía el cambio climático menos iba a asumir el cambio de gobierno; Bolsonaro afirmó que el Covid era una gripecita hasta que se contagió; mucho político evangélico ferviente que no cree en las vacunas. Cada quien en su burbuja. En fin, un desastre.

Por Andrés Fredericksen.-

El escritor chileno Luis Felipe Sauvalle (Santiago, 1987) vuelve a sorprender al mundo literario del continente con su nueva obra,  “El Club de los suicidas” (Edit. Forja) donde retrata dos contextos sociales arraigados en su natal Chile.

Sauvalle nos presenta su libro justo en un contexto cuando la nación austral vive socialmente sus horas más oscuras y complejas, con manifestaciones ciudadanas que solo se han frenado con la pandemia. Coincidencia -o no-  la obra de Luis Felipe Sauvalle promete no quedar indiferente a los lectores, pues, a su juicio, la ceguera de las elites es un fenómeno global.   Parte de estos hechos marcan las pautas de su nueva creación artística donde deja en evidencia una “tragedia de las clases medias”.

El autor,  siempre con su mirada crítica y de denuncia, apuesta por escribir acerca de una realidad de un lugar geográfico donde “se nace engrillado. Atado de espíritu” y que busca, a diario,  salvarse para no vender su alma al diablo verde, al tiempo de luchar con la indiferencia y soberbia de una élite.

La novela se desarrolla en dos escenarios,  Santiago de Chile, donde se adentra en sus barrios y París, examinada desde la lupa del recuerdo; estas operarán como dos polos opuestos entre los que el protagonista se enfrenta contra sus fantasmas.

Luis Felipe Sauvalle, ganador del Premio Roberto Bolaño en los años 2010, 2011 y 2012 en una entrevista exclusiva a ICNDiario nos relata cuales son las principales características de esta obra, la que se une a sus anteriores éxitos dados en sus novelas Dynamuss (Chancacazo, 2012) y El Atolladero (2014) y la colección de cuentos “Lloren, troyanos”.


1.- Periodista: ¿Cómo nace el nombre  de tu nueva obra “El Club de los Suicidas”?

Luis Felipe Sauvalle: Nace junto con el origen de mi novela, con la idea de que Bastián, el protagonista, tiene que establecer casi un pacto fáustico con los dueños del capital financiero para salvar su carrera y su propia identidad. La tensión está en que él es ajedrecista pero no le basta con eso, quiere ocupar un lugar de importancia en el mundo. Y claro, pronto se da cuenta que esa gente todopoderosa no es tal: saben que como clase social marchan hacia el abismo, pero no hacen nada por evitarlo. ¿Y como ajedrecista cuál es su jugada? Se les une. De ahí el nombre.

2.-  Tu novela se desarrolla en Santiago de Chile y Paris ¿Cuáles son los lugares o barrios que describes en la obra y por qué te enfocas en ellos?

Luis Felipe Sauvalle: Los barrios de Santiago son en gran parte los que recorrí en mi infancia –la Plaza de Armas, los alrededores del Estadio Nacional, el Barrio Brasil–, esos que todavía tenían un aire colonial, con casas de adobe, y en los que también abundaban las construcciones de estilo neo-clásico. Claro que hoy por hoy lo único que abunda es el espíritu depredador de las inmobiliarias, que hacen de las suyas con permisos de edificación de dudosa procedencia.

El caso de París es distinto porque, tal como para tanta gente, París es un símbolo, ocupa un lugar gigante en nuestro imaginario provinciano. “La Ciudad de la Luz” nos deslumbra, y es lógico que Bastián sienta que, en perspectiva, es allí donde más se lució.

3.- P: ¿Cuál es la distinción significativa  entre la elite y el “mundo” de Bastián, uno de los protagonistas de tu historia?

Luis Felipe Sauvalle:  Porque la elite se la pasa en una fiesta a la que el resto no está invitado y eso Bastián lo sabe muy bien.

La existencia de las elites es un carnaval: se la pasan camino al aeropuerto, en viajes de negocios, mirando el celular atentos a la gran llamada perdida, estirando tentáculos por aquí y por allá. Bastián no pertenece a ese mundo sino que encarna la tragedia de las clases medias: no quiere prenderle fuego sino ver cómo va en la parada.

4.- P:  Al ser chileno y viajar por diferentes países del mundo  ¿Cómo percibes la denominada “revolución de los ojos”  o “estallido social”?

Luis Felipe Sauvalle: (ríe) De mis años en China rescataría la frase de Zhou Enlai cuando Nixon le preguntó por la Revolución Francesa: “Demasiado temprano para opinar”.

5.- P: Con toda probabilidad esa frase es apócrifa. 

Luis Felipe Sauvalle: (Suspira) Creo que se acumuló mucho malestar por culpa de la miopía de las clases dirigentes. Las múltiples formas de protesta –si bien han ido menguado– son los estertores de una sociedad que está muriendo, pero que va a seguir muriendo por mucho, mucho tiempo más…  Para ser justos la ceguera de las elites es un fenómeno global: Trump, el winner por antonomasia, no asumía el cambio climático menos iba a asumir el cambio de gobierno; Bolsonaro afirmó que el Covid era una gripecita hasta que se contagió; mucho político evangélico ferviente que no cree en las vacunas. Cada quien en su burbuja. En fin, un desastre.

Y claro, en el caos, en Chile una turba se echa un banco, o una sucursal de una cadena de farmacias, y uno como simple mortal que lo contempla no observa nada que valga la pena defender. ¿Qué puedes decir? Claro que el metro, el edificio de la Universidad Pedro de Valdivia, o la Iglesia de la Vera Cruz son otra cosa…

Mira, son tiempos convulsos, el que crea tener una solución mágica o una explicación absoluta con toda seguridad está mintiendo, como escritores lo mejor que podemos hacer es volver a hablar de literatura.

6.- P: Cuando explicas que tu obra es una metáfora del Chile contemporáneo, donde cada quien debe jugar el rol que se le ha asignado ¿a qué te refieres?  ¿Sientes que está relacionado con las manifestaciones que se produjeron en el país?

Luis Felipe Sauvalle: La trama transcurre el 2011, así que las manifestaciones no aparecen, y si hubiera transcurrido el 2019 las manifestaciones habrían aparecido, pero de lejos. Bastián las hubiera observado desde su balcón, como observa el concreto del Estadio Nacional y las curvas de Alicia, su vecina.

Y sin embargo Chile es Chile, sea el año que sea. Se nace engrillado. Atado de espíritu, por decirlo de alguna manera. Y vuelvo con esto a la importancia de la lectura, porque un libro se completa y se refuerza cuando se comparte, se debate, se deshilvanan las hebras del texto junto a otros. Te obliga a salirte del tiempo y la dinámica del rendimiento, de la producción. En ese sentido leer es tan revolucionario como asaltar un banco.

De hecho hace poco conversaba con una amiga sobre Cuando Fuimos Huérfanos, de Kazuo Ishiguro. Ella estaba convencida de que la trama completa era una ficción de los mismos protagonistas, que de niños estarían inventando todo lo que uno lee – y para mí en cambio ese libro respondía al clásico formato de la novela de misterio con un detective al medio. A ambos nos llamaba la atención que al protagonista, aunque aterriza en Shanghái en plena ocupación japonesa, no le interesa el resultado de la guerra: él quiere solucionar un antiguo caso de un secuestro.

Al final del día, creo que el cliché de la “comunidad lectora” tiene más sentido que nunca.