El poder de los pacientes en los tratamientos médicos

9 septiembre, 2019

Cristián Warnken conversa con Pedro Barría, autor de un reciente libro que destaca la importancia de las terapias integrales, que incluyen aspectos sicológicos y biográficos de los enfermos.

El poeta Enrique Lihn decía, una vez que le diagnosticaron un cáncer terminal, que «solo hay dos mundos: el de los sanos y los enfermos».

Sin embargo, existen muchos tipos de pacientes. Y en conversación con Cristián Warnken, el abogado de la Universidad de Chile Pedro Barría -autor del libro Democracia Terapéutica: pacientes protagonistas de una medicina integral bio-psico-social-, asegura que lo que debe hacer el médico es «conocerlos en todas sus dimensiones».

Para Barría la vida no ha sido fácil: tuvo cáncer dos veces y su esposa murió de la misma enfermedad. El profesional, que trabajó 10 años en la Vicaría de la Solidaridad, habla de «la importancia de compartir el mundo interior» y en su libro rescata la figura del médico «como un pedagogo», que toca la importancia de una terapia integral para curar una enfermedad.

En Desde El Jardín, el autor profundiza en el concepto de «enfermedad trunca», que se refiere a cuando se le da solo una razón particular a un padecimiento. Barría cree en la idea de que cada individuo tiene su propia historia emocional, lo que puede o no llevar al desarrollo de algún problema físico.

De la asimetría a la confianza médico-paciente

A pesar de que la relación entre un paciente y un médico es asimétrica, Barría destaca que es esencial que estos dos se conozcan y hasta se hagan amigos, para generar una relación de confianza.

Pero no es una tarea fácil de lograr. Hoy en día, se puede decir que en general existe una crisis entre los pacientes y los médicos, señala Warnken. Para que esto no ocurra, debe existir una red de apoyo de gente que padezca lo mismo. De esta forma la empatía se puede complementar con la cercanía de la familia, responde Barría.

El abogado explica que conocer la parte sicoemocional es fundamental para comprender de dónde viene la enfermedad, y ese tipo de relación es lo que separa a un médico de un doctor. El doctor se preocupa más allá de los padecimientos físicos que puede tener una persona, y esto se logra a través de la sensibilidad, dentro de la «medicina antropológica», la cual busca aprender de la biografía de un ser humano.

Dentro de esta relación que busca romper con la vulnerabilidad del paciente, Barría dice que quienes padecen una enfermedad también deben tener la oportunidad de establecer por su cuenta el nivel de participación que desean tener en el espacio de ésta. Existen países en los que culturalmente «estar enfermo es un estigma», como en Japón. Por lo mismo, el autor propone que cada paciente debiese tener la elección de conocer o no el avance de sus padecimientos.

La antropología de una enfermedad

El abogado, quien hizo un doctorado en Ciencias Políticas en la Universidad de Carolina del Norte en Estados Unidos, propone «una alianza terapéutica», donde se establezca un «proyecto de diagnóstico» entre los médicos, los familiares y los pacientes. Por lo tanto, un contexto de comunidad es fundamental para proyectar un buen tratamiento.

Un factor en esta batalla es el límite de tiempo en la consulta. «Los pacientes que tienen tiempo límite demoran más en sanar». Estos son aquellos que entran y salen con una lista de recetas, dice el autor.

A pesar de que todo el aspecto emocional está apartado de los estudios, para él la sensibilidad entra en el proceso de sanación: quienes lloran o piden perdón tienden a ser personas más sanas. Además, las personas que son escuchadas y acompañadas desarrollan una mejor capacidad de mejora.

En algunos casos, la empatía hacia el sufrimiento ajeno por parte del médico se asocia con experiencias personales de pérdidas. En su libro, Barría busca ampliar ese espectro y crear conciencia de que un paciente antes de una operación está ansioso, casi de la misma forma de quien va a realizar la intervención.

Y adoptar una actitud de sanación también importa, como lo demuestra la ciencia. «Los placebos nos revelan que la fe que un paciente tiene en lo que está haciendo para sanarse, puede llevarlo a sanarse», afirma Barría.

Desde la mirada de Platón, Warnken rescata una preocupación por la dinámica entre un paciente y quien lo trata. Porque, como aclara Barría, «la medicina es integral» y se relaciona con la filosofía, la antropología y otras disciplinas pertenecientes al área humanista, que buscan ahondar en lo que puede sentir alguien cuando está enfermo.

«Hay una conexión natural entre el Derecho, el arte y la literatura, especialmente en el procedimiento penal»

1 septiembre, 2019

Gonzalo Garay Burnas, notario conservador de Carachue y escritor.

Proviene de la Región del Biobío pero asegura que sus huesos descansarán en esta zona. Asegura que entre la abogacía hay una fuerte similitud con la teatralidad, «se va construyendo una verdadera afición a través de un rito procedimental, que es lo que se ve en el juicio oral, donde tienes una arquitectura especialmente diseñada para los tribunales de justicia, donde tienes jueces que emplean términos jurídicos, donde se vive un verdadero drama social».

Nació en Concepción hace 46 años. Estaba listo para matricularse en Ingeniería en la Universidad del Biobío, pero su hermano que ya venía saliendo de Arquitectura le pidió que ingresarán a la carrera de Derecho, en la Universidad San Sebastián, casa de estudio que lo vio egresar como flamante abogado. Gonzalo Garay Burnas, luego de haber tenido una oficina como titulado, ingresó a la beca de la Academia Judicial en Santiago. El año 2001 regresó a la Región como secretario del Primer Juzgado de Menones de Temuco para luego ser relator de la Corte de Apelaciones, para luego irse como juez civil del Primer Juzgado Civil de Chillán, para finalmente retornar como juez del Tribunal Oral en lo Penal de Temuco cargo que ocupó hasta el año 2015. Ahora ocupa el rol de notario conservador de Carahue.

Gonzalo acaba de escribir un libro de cuentos. Son 10 relatos en total, en los que cuenta de pronto experiencias personales, y a los que se suma algo de ficción.

Guido Rebolledo C.

Austral Temuco

Para leer la entrevista visitar el siguiente vínculo:

http://www.australtemuco.cl/impresa/2019/09/01/full/cuerpo-reportajes/12/

Bajo la piel

29 agosto, 2019

Si te gustan las cartas de amor, este libro es para ti. Editorial Forja acaba de presentar Bajo la piel de Adolfo Miranda, una intensa historia de amor que invita al lector a participar de un secreto celosamente guardado.

Es un libro donde “todo ocurre bajo la piel”. Con esas palabras, la connotada escritora Teresa Calderón describe el libro Bajo la piel, de Adolfo Miranda. Una novela que se basa en la intensa historia de amor de un hombre y una mujer que se encuentran a destiempo y que invita al lector a participar de un secreto celosamente guardado, que solo podrá ser descubierto tras la muerte de uno de los amantes.

¿Hasta qué punto conocemos a las personas que creemos conocer? Una pregunta que surge al comienzo de la novela, cuando un hombre, al revisar las pertenencias de su padre recién fallecido, quien era viudo hace algunos años, encuentra un fajo de cartas junto a un recado: “En caso de mi muerte ruego devolver estas cartas a Valeria…”.

Una historia que se desenvuelve en escenarios y en tiempos diferentes, a través de cartas escritas en la adolescencia y luego en la adultez, con la maestría de la pluma del autor. Porque Bajo la piel nos demuestra que, aunque historias románticas hay muchas, finalmente la clave está en la gracia de un buen narrador, lo que Adolfo Miranda logra con creces.

“Yo diría que aquí, tal vez, resida el mérito mayor de esta novela que parece inverosímil que sea una primera novela. Hay un trabajo en su escritura que no se improvisa ni cae del cielo como un maná. Es un muy serio trabajo que cuesta alcanzar y en realidad pocos narradores alcanzan (…) Me ha sorprendido el talento de Adolfo Miranda y creo que su libro debe ser leído y disfrutado por una gran cantidad de lectores”, dijo el escritor y crítico literario, Antonio Rojas, en el lanzamiento del libro.

Por algo esta novela, con otro título, fue seleccionada entre las seis finalistas del concurso Pedro de Oña 2018. “Nos cautivó al jurado por su prolija prosa y su contundente argumento trabajado en una compleja arquitectura de tiempos y espacios, lo que permite el juego de la imaginación anticipatoria con agrado y entusiasmo”, dice Teresa Calderón en el prólogo.

 

Contacto:

Daniela Valle L.

prensa@editorialforja.cl

Fono (56-9) 98258859

Bajo la piel: oda el amor oculto

27 agosto, 2019

Estimado lector, si le gustan las cartas de amor, este libro es para usted, ya que Editorial Forja acaba de presentar el libro “Bajo la piel”, escrito por Adolfo Miranda, una intensa historia de amor que invita al lector a participar de un secreto celosamente guardado.

Es un libro donde “todo ocurre bajo la piel”. Con esas palabras, la connotada escritora Teresa Calderón describe el libro.

Una novela que se basa en la intensa historia de amor de un hombre y una mujer, que se encuentran a destiempo y que invita al lector, a participar de un secreto celosamente guardado, que solo podrá ser descubierto tras la muerte de uno de los amantes.

¿Hasta qué punto conocemos a las personas que creemos conocer? Una pregunta que surge al comienzo de la novela, cuando un hombre, al revisar las pertenencias de su padre recién fallecido, quien era viudo hace algunos años, encuentra un fajo de cartas junto a un recado: “En caso de mi muerte ruego devolver estas cartas a Valeria”.

Una historia que se desenvuelve en escenarios y en tiempos diferentes, a través de cartas escritas en la adolescencia y luego en la adultez, con la maestría de la pluma del autor.

Porque Bajo la piel nos demuestra que, aunque historias románticas hay muchas, finalmente la clave está en la gracia de un buen narrador, lo que Adolfo Miranda logra con creces.

“Yo diría que aquí, tal vez, resida el mérito mayor de esta novela que parece inverosímil que sea una primera novela. Hay un trabajo en su escritura, que no se improvisa ni cae del cielo como un maná.

Es un muy serio trabajo que cuesta alcanzar y en realidad, pocos narradores alcanzan. Me ha sorprendido el talento de Adolfo Miranda y creo que su libro, debe ser leído y disfrutado por una gran cantidad de lectores”, dijo el escritor y crítico literario, Antonio Rojas, en el lanzamiento del libro.

Por algo esta novela, con otro título, fue seleccionada entre las seis finalistas del concurso Pedro de Oña 2018.  “Nos cautivó al jurado por su prolija prosa y su contundente argumento, trabajado en una compleja arquitectura de tiempos y espacios, lo que permite el juego de la imaginación anticipatoria con agrado y entusiasmo”, dice Teresa Calderón en el prólogo.

Nuevo libro de Editorial Forja: “Bajo la piel” de Adolfo Miranda

22 agosto, 2019

Si te gustan las cartas de amor, este libro es para ti. Editorial Forja acaba de presentar Bajo la piel de Adolfo Miranda, una intensa historia de amor que invita al lector a participar de un secreto celosamente guardado.

Es un libro donde “todo ocurre bajo la piel”. Con esas palabras, la connotada escritora Teresa Calderón describe el libro Bajo la piel, de Adolfo Miranda. Una novela que se basa en la intensa historia de amor de un hombre y una mujer que se encuentran a destiempo y que invita al lector a participar de un secreto celosamente guardado, que solo podrá ser descubierto tras la muerte de uno de los amantes.

¿Hasta qué punto conocemos a las personas que creemos conocer? Una pregunta que surge al comienzo de la novela, cuando un hombre, al revisar las pertenencias de su padre recién fallecido, quien era viudo hace algunos años, encuentra un fajo de cartas junto a un recado: “En caso de mi muerte ruego devolver estas cartas a Valeria…”.

Una historia que se desenvuelve en escenarios y en tiempos diferentes, a través de cartas escritas en la adolescencia y luego en la adultez, con la maestría de la pluma del autor. Porque Bajo la piel nos demuestra que, aunque historias románticas hay muchas, finalmente la clave está en la gracia de un buen narrador, lo que Adolfo Miranda logra con creces.

“Yo diría que aquí, tal vez, resida el mérito mayor de esta novela que parece inverosímil que sea una primera novela. Hay un trabajo en su escritura que no se improvisa ni cae del cielo como un maná. Es un muy serio trabajo que cuesta alcanzar y en realidad pocos narradores alcanzan (…) Me ha sorprendido el talento de Adolfo Miranda y creo que su libro debe ser leído y disfrutado por una gran cantidad de lectores”, dijo el escritor y crítico literario, Antonio Rojas, en el lanzamiento del libro.

Por algo esta novela, con otro título, fue seleccionada entre las seis finalistas del concurso Pedro de Oña 2018. “Nos cautivó al jurado por su prolija prosa y su contundente argumento trabajado en una compleja arquitectura de tiempos y espacios, lo que permite el juego de la imaginación anticipatoria con agrado y entusiasmo”, dice Teresa Calderón en el prólogo.

El placer de ser un médico escritor

3 agosto, 2019

En Editorial Forja, Eduardo Bastías Guzmán ha publicado la novela Donde vuelan los cóndores  y está próximo a publicar también con nosotros la novela Una guerra para Navidad.

Eduardo Bastías Guzmán nació un 25 de diciembre de 1936 en la ciudad de Valparaíso, cuna de artistas y escritores. Estudió medicina en la Universidad de Chile hasta el año 1962, especializándose en medicina interna en el hospital El Salvador de Santiago y en cardiología en el hospital Carlos Van Buren. Entre 1976 y 1980 fue jefe de cardiología en el Hospital Naval. Tras ello, llegó hasta la ciudad alemana de Bielefeld para especializarse en medicina intensiva, estando cuatro años dedicado al rescate médico. De vuelta en el país, asumió la jefatura de la unidad de cuidados intensivos del hospital Gustavo Fricke, con el tiempo fue nombrado jefe de medicina interna, para más tarde desempeñarse como director del recinto asistencial. Destacado por su aporte al desarrollo científico humanista, hoy está dedicado a la academia en la Escuela de Medicina de la Universidad Andrés Bello.

En esta entrevista, habla de su pasión por los cuentos y las novelas, su paso por Panorama Médico  y su relación desde la infancia con la literatura.

Partió de muy niño en la revista escolar del colegio echando a volar su imaginación con sus cuentos infantiles. Por ese entonces, estudiaba en los Sagrados Corazones de Valparaíso, ubicado en la tradicional calle Independencia, donde su afición era tan fuerte y conocida -dice- que “en la semblanza del colegio, donde destacaban y describían las virtudes, señalaban que ´Eduardo Bastías sería un escritor´, sin embargo, nadie presagió que mi vocación profesional iba a ser la medicina (ríe). De niño escribí muchísimos cuentos y en la adolescencia seguí haciéndolo, contabilizando hasta el día de hoy más de 200 historias.

Éramos tres hermanos, mi padre ingeniero de la marina mercante y mi madre una abnegada dueña de casa y vivíamos en el cerro Bellavista. En aquella época no había redes sociales, ni Internet, ni nada parecido, la única entretención era ir al teatro o conocer el mundo a través de los libros. Si estabas enfermo de sarampión, por ejemplo, en tiempos donde no había vacuna, la lectura era tu mejor amigo. A través de los libros desperté mi imaginación y el gusto por la escritura, inspirado en las historias de Robinson Crusoe, La isla del tesoro y los libros de Emilio Salgari. Un compañero de vida”.

Me imagino que, entre tantos cuentos, habrá uno más significativo ¿o no? Uno de los cuentos más significativos lo escribí hace 12 años y fue reconocido con el primer lugar en Narrativa del Encuentro Latinoamericano de Médicos Escritores de Buenos Aires y la Liga Sudamericana (2007). Y en lo personal con cariño lo llamo `el premiado`. “Si no llevara la mula cargada” cuenta la historia de un vendedor de quesos del altiplano, en el norte de nuestro país, que junto a su inseparable mula se encuentran en el camino con un cadáver.

Y el género de novela, ¿cuándo llega a su vida? Ya en la adultez, más maduro, di el salto y me atreví en 1991 a escribir mi primera novela llamada: “Donde vuelan los cóndores”. Una novela que complementé mis dos pasiones: la medicina y la literatura. En ella abordé de manera didáctica el amor de juventud con la prevención y el contagio del VIH, en momentos donde me desempeñaba como médico jefe del servicio de Medicina Interna del hospital Gustavo Fricke y conocí a los primeros pacientes que llegaron al establecimiento.

Un estilo de narrativa en la que no se entregan normas ni recomendaciones, ya que las enseñanzas son las conclusiones que el propio lector saca de la obra. “Donde vuelan los cóndores” en un comienzo tuvo dos ediciones particulares (1993 -1994), distribuidas en establecimientos escolares. Luego, en 1995, la editorial Andrés Bello hizo 27 ediciones seguidas, dos fueron con el Ministerio de Educación, también con diario la Tercera y su Biblioteca Escolar Icarito. Escribirla fue realmente un desafío que decidí emprender solo, sin conocimiento más que mi experiencia. Porque el género de la novela es muy distinto a los cuentos. En el último te basas en la anécdota y en un hecho, en cambio en la novela te centras en las personas y en cada uno de los personajes y protagonistas, dando forma y fondo a cada uno de ellos. Es complejo porque a medida que se desenvuelve la historia debes ser consecuente con el relato del personaje. Me costó alrededor de seis meses terminarla y cerca de un año y medio corregirla. He sido invitado a distintos establecimientos educacionales de todo Chile para dar conferencias con escolares y profesores sobre esta temática, lo que me llena de satisfacción.

Luego de esa experiencia, ¿pensó en escribir otra novela? Que bueno que lo preguntas (ríe), recientemente finalicé mi segunda novela, que se edita este año, pero es más bien histórica y trata en profundidad el conflicto del canal Beagle con Argentina. La escribí porque me pareció interesante abordar un hecho donde Chile estuvo muy cerca, por no decir a punto, de enfrentar una guerra sin precedentes en el territorio, pero que por esos años pasó inadvertida entre la ciudadanía. Está basada en testimonios y algunos personajes ficticios.

Pasando a un tema más personal, ¿cómo es su relación con la literatura hoy? Hay un escritor y médico, Antón Chejov, que describe -bajo su particular estilo- lo que muchos sentimos por esta afición. Decía que “él estaba casado con la medicina y tenía una amante que era la literatura”. Con los años he tenido la fortuna y la satisfacción de desenvolverme en ambos sentidos. Siempre he dicho que no me considero un escritor sino más un aficionado, como quienes se dedican al arte, la pintura, la música y el deporte. Este interés de los médicos por la literatura creo que viene dado por la cercanía de la profesión con lo humano, ese ir y venir entre la vida y también la muerte. Transmitir esas ideas que muchas veces se observan y se perciben y que son temas que uno vive y enfrenta a diario; en lo que somos, lo que hacemos y que están ahí a nuestro alrededor.

¿Cómo describe su paso, por cerca de 10 años, en el espacio “Médicos Escritores? Partí en la revista Panorama Médico como crítico de libros. Fue tan bien recibida la sección, que sorpresivamente comenzaron a llegar muchos cuentos de médicos escritores aficionados, por lo que decidimos abrir el concurso literario y un espacio dedicado a su publicación. Siempre fue un agrado y nunca un esfuerzo, pero a mis casi 83 años, me parece que es ya oportuno darle cabida a alguien más para que se haga cargo de esta sección. Son más de treinta los médicos de la región de Valparaíso que han sido parte de este espacio literario “Médicos Escritores”, por lo que para cerrar esta etapa de casi 10 años realizaremos un encuentro el mes de octubre en la comuna Olmué para escuchar, conocernos y contar cuentos.

Agradezco enormemente la oportunidad que entrega el colegio médico a través de este magazine a la cultura y las artes.

Entrevista de la Revista Panorama Médico.

Comentario de libro “Bajo la piel”

El destacado escritor y periodista Antonio Rojas Gómez hace un profundo análisis de la última obra de Adolfo Miranda, “Bajo la Piel”. “A mí, que llevo en el cuerpo más de setenta años de lecturas y escrituras, -señala Rojas Gómez en su crítica- me ha sorprendido el talento de Adolfo Miranda y creo que su libro debe ser leído y disfrutado por una gran cantidad de lectores”.

“Bajo la piel”,  novela, Adolfo Miranda.

Editorial Forja, 113 páginas.

Detrás de todo escritor se esconde un pequeño filósofo.

El escritor contempla la vida y se asombra ante la vastedad de posibilidades que ofrece. Pero no se detiene allí. Pretende avanzar un paso más y procura interpretar la vida, comprenderla. Tal vez, como dijo Chejov por boca de una de “Las tres hermanas”, llegará un día en que sabremos para qué hemos venido a este mundo. Mientras tanto, el escritor contempla la vida y persigue su sentido. Y allí asoma el pequeño filósofo tras la historia que nos cuenta. Y se pregunta, y nos pregunta a los lectores.

La interrogante que plantea Adolfo Miranda en “Bajo la piel” no es simple: ¿Hasta qué punto conocemos a las personas que creemos conocer? Y tras ella, una incluso más inquietante: ¿Hasta qué punto nos conocemos a nosotros mismos?

¿Quién puede ser más cercano para un hijo que su propio padre? Lo ha visto desde que nació. Es la figura masculina más presente a lo largo de su vida. Aprendió de él, fue educado por él y las enseñanzas y los ejemplos que recibió lo acompañarán siempre. Por cierto que se habrá rebelado en la adolescencia y habrá sido un crítico acervo del padre. Pero al alcanzar la madurez recapacitará, como todos, y se dará cuenta de que los lazos que lo atan a ese hombre que hace un tiempo enviudó y envejece, son indisolubles. Es un hombre por el que siente profundo amor, del que se preocupa cuando lo ve en la última etapa del camino, y cuya partida le provoca un dolor agudo. Se ha ido el hombre de quien cree saberlo todo.

Y entonces, al revisar las pertenencias que el padre ha dejado, se topa con  un secreto del que no tenía sospecha. Y surge la interrogación: ¿Conocí verdaderamente a mi padre?

Ese es el nudo que Adolfo Miranda busca desatar en esta, su primera novela. Yo no voy a contar la historia, porque eso ya lo hizo el autor, y lo hizo bien. Lo que haré será intentar un análisis de la forma en que plasmó esta obra literaria.

Hay cuatro personajes principales: el padre, que acaba de morir, y el hijo, que se topa con el misterio que lo desconcierta. Los otros dos personajes son mujeres: la madre, que murió hace varios años, cuya presencia es muy lejana, pero de importancia cabal; y una amiga de la infancia del padre, con la que ha vivido una aventura que causó honda huella en su vida. Como un quinto personaje, secundario pero latente, aparece el marido de esta  antigua amiga.

La historia se desenvuelve en distintos escenarios y en tiempos diferentes. Hay distancia, tanto geográfica como temporal, entre los episodios que estructuran el conflicto. Esto plantea una dificultad narrativa mayor. Más sencillo resulta contar una historia lineal en la que hay tres etapas bien delimitadas: presentación, desarrollo y desenlace. Pero aquí no, partimos por el final, por la muerte del protagonista. Y la historia en sí ocurrió muchos años atrás. ¿Cómo, entonces, conseguir que nos interese leer una aventura tan antigua que ya está sepultada y olvidada? Ahí está la gracia del buen narrador.

Miranda se pone a prueba. Veremos cómo se las arregla para salir de ella.

En el aspecto geográfico hay también distancias enormes. La pareja central se conoce cuando eran adolescentes y vivían en Viña del Mar. Son amigos entrañables, se llevan muy bien, comparten muchísimas cosas, todas las cosas que resultan importantes para los muchachos, menos el amor. Nunca llegaron a pololear, a pesar de su cariño recíproco y de la mutua admiración que experimentaban.

Y claro, andando el tiempo, ambos emigraron. Él, Enrique, a Santiago. Ella, Valeria, a Punta Arenas. Mantuvieron al comienzo su amistad por correspondencia, que lógicamente languideció hasta desaparecer. Cada uno hizo su vida. Fueron exitosos, formaron sus familias, y no volvieron a verse hasta muchos años más tarde, cuando Valeria debió viajar a Santiago por la enfermedad de uno de sus hijos.

Entonces ocurre el reencuentro y lo que no pasó en la adolescencia, sucede en la madurez.

Los detalles son sabrosos… Ya los conocerán cuando lean el libro. Por ahora, nos interesa ver la forma en que el autor los presenta. Y aquí nos topamos con una sorpresa, porque Adolfo Miranda no recurre al relato omnisciente, ni a la corriente de conciencia, ni al narrador testigo, ni a la primera persona, ni a la segunda ni a la tercera. Recurre a las cartas que intercambian los protagonistas.

No es el primero en hacerlo. El Premio Nobel Camilo José Cela utilizó esta técnica en un libro notable: “Missis Caldwell conversa con su hijo”. Y ya a fines del siglo XIX el portugués José María Eca de Queiroz, ilustre antecedente del también Nobel José Saramago, había publicado “El epistolario de Fradique Mendes”.

Pero Adolfo Miranda se las arregla para resolver de paso una de las dificultades que anotábamos para estructurar su relato: la distancia temporal. Porque Enrique y Valeria acompañan cada carta que se envían luego de su reencuentro, con una de las antiguas cartas que intercambiaron durante la adolescencia. Y ese recurso yo no lo había visto en ningún libro anterior y resuelve a plenitud el conflicto, pues el lector recibe de manera simultánea la visión de ambas  etapas de la vida de los personajes. Punto para Miranda.

Pero hay que agregarle un punto mayor. Porque unas y otras cartas, las de ayer y las de hoy, permiten apreciar el desarrollo de ambos como personas. Desde luego, quienes se escriben hoy no son los mismos de ayer, o sí  lo son, pero con una buena carga de experiencias sobre la espalda. Y eso demuestra la mano maestra del narrador. Yo diría que aquí, tal vez, resida el mérito mayor de esta novela que parece inverosímil que sea una primera novela. Hay un trabajo en su escritura que no se improvisa ni cae del cielo como un maná. Es un muy serio trabajo que cuesta alcanzar y en realidad pocos narradores alcanzan.

A mí, que llevo en el cuerpo más de setenta años de lecturas y escrituras, me ha sorprendido el talento de Adolfo Miranda y creo que su libro debe ser leído y disfrutado por una gran cantidad de lectores.

Pero no estoy terminando aquí mi comentario. Porque hay más.

Dije, al partir, que un pequeño filósofo se esconde detrás de cada escritor. Porque la mirada del escritor está repleta de asombro, cuajada de preguntas y vacía de respuestas. Y de los buenos textos brotan buenas interrogantes.

Y la primera serie de preguntas ya está planteada, y es la que se formula el hijo: ¿conocí a mi padre?, ¿supe cómo era?, ¿sé qué hombre fue?

Pero hay otra cuestión más profunda aún: cuando Enrique enviudó, interrumpió la comunicación con Valeria. ¿Por qué? Si ella estaba divorciada y él viudo. No había nada que se interpusiera para vivir en plenitud el amor que arrastraban casi desde la niñez. Y dejó un postrer recado para Valeria que su hijo debería entregar cuando él ya no estuviera. ¿Por qué no lo hizo él mismo? ¿Por qué se recluyó y guardó silencio? ¿Qué pasó por el alma de ese hombre? ¿Supo lo que hacía? ¿Tuvo conciencia de la determinación que adoptó y que no le comunicó a nadie?

El hijo se encuentra de pronto con tan inesperada situación en las manos. Y más que preguntarse si conoció a su padre, puede preguntarse si su padre se conoció a sí  mismo, si esta misión que le dejó tiene algún sentido.

Y el pequeño filósofo está sembrando estas preguntas. Nosotros, ustedes, yo, ¿sabemos de qué manera vamos a reaccionar frente a una situación  extrema e inesperada? ¿Nos conocemos realmente a nosotros mismos?

Antes de responder, les recomiendo que lean “Bajo la piel”, de Adolfo Miranda.

Antonio Rojas Gómez