El placer de ser un médico escritor

3 agosto, 2019

En Editorial Forja, Eduardo Bastías Guzmán ha publicado la novela Donde vuelan los cóndores  y está próximo a publicar también con nosotros la novela Una guerra para Navidad.

Eduardo Bastías Guzmán nació un 25 de diciembre de 1936 en la ciudad de Valparaíso, cuna de artistas y escritores. Estudió medicina en la Universidad de Chile hasta el año 1962, especializándose en medicina interna en el hospital El Salvador de Santiago y en cardiología en el hospital Carlos Van Buren. Entre 1976 y 1980 fue jefe de cardiología en el Hospital Naval. Tras ello, llegó hasta la ciudad alemana de Bielefeld para especializarse en medicina intensiva, estando cuatro años dedicado al rescate médico. De vuelta en el país, asumió la jefatura de la unidad de cuidados intensivos del hospital Gustavo Fricke, con el tiempo fue nombrado jefe de medicina interna, para más tarde desempeñarse como director del recinto asistencial. Destacado por su aporte al desarrollo científico humanista, hoy está dedicado a la academia en la Escuela de Medicina de la Universidad Andrés Bello.

En esta entrevista, habla de su pasión por los cuentos y las novelas, su paso por Panorama Médico  y su relación desde la infancia con la literatura.

Partió de muy niño en la revista escolar del colegio echando a volar su imaginación con sus cuentos infantiles. Por ese entonces, estudiaba en los Sagrados Corazones de Valparaíso, ubicado en la tradicional calle Independencia, donde su afición era tan fuerte y conocida -dice- que “en la semblanza del colegio, donde destacaban y describían las virtudes, señalaban que ´Eduardo Bastías sería un escritor´, sin embargo, nadie presagió que mi vocación profesional iba a ser la medicina (ríe). De niño escribí muchísimos cuentos y en la adolescencia seguí haciéndolo, contabilizando hasta el día de hoy más de 200 historias.

Éramos tres hermanos, mi padre ingeniero de la marina mercante y mi madre una abnegada dueña de casa y vivíamos en el cerro Bellavista. En aquella época no había redes sociales, ni Internet, ni nada parecido, la única entretención era ir al teatro o conocer el mundo a través de los libros. Si estabas enfermo de sarampión, por ejemplo, en tiempos donde no había vacuna, la lectura era tu mejor amigo. A través de los libros desperté mi imaginación y el gusto por la escritura, inspirado en las historias de Robinson Crusoe, La isla del tesoro y los libros de Emilio Salgari. Un compañero de vida”.

Me imagino que, entre tantos cuentos, habrá uno más significativo ¿o no? Uno de los cuentos más significativos lo escribí hace 12 años y fue reconocido con el primer lugar en Narrativa del Encuentro Latinoamericano de Médicos Escritores de Buenos Aires y la Liga Sudamericana (2007). Y en lo personal con cariño lo llamo `el premiado`. “Si no llevara la mula cargada” cuenta la historia de un vendedor de quesos del altiplano, en el norte de nuestro país, que junto a su inseparable mula se encuentran en el camino con un cadáver.

Y el género de novela, ¿cuándo llega a su vida? Ya en la adultez, más maduro, di el salto y me atreví en 1991 a escribir mi primera novela llamada: “Donde vuelan los cóndores”. Una novela que complementé mis dos pasiones: la medicina y la literatura. En ella abordé de manera didáctica el amor de juventud con la prevención y el contagio del VIH, en momentos donde me desempeñaba como médico jefe del servicio de Medicina Interna del hospital Gustavo Fricke y conocí a los primeros pacientes que llegaron al establecimiento.

Un estilo de narrativa en la que no se entregan normas ni recomendaciones, ya que las enseñanzas son las conclusiones que el propio lector saca de la obra. “Donde vuelan los cóndores” en un comienzo tuvo dos ediciones particulares (1993 -1994), distribuidas en establecimientos escolares. Luego, en 1995, la editorial Andrés Bello hizo 27 ediciones seguidas, dos fueron con el Ministerio de Educación, también con diario la Tercera y su Biblioteca Escolar Icarito. Escribirla fue realmente un desafío que decidí emprender solo, sin conocimiento más que mi experiencia. Porque el género de la novela es muy distinto a los cuentos. En el último te basas en la anécdota y en un hecho, en cambio en la novela te centras en las personas y en cada uno de los personajes y protagonistas, dando forma y fondo a cada uno de ellos. Es complejo porque a medida que se desenvuelve la historia debes ser consecuente con el relato del personaje. Me costó alrededor de seis meses terminarla y cerca de un año y medio corregirla. He sido invitado a distintos establecimientos educacionales de todo Chile para dar conferencias con escolares y profesores sobre esta temática, lo que me llena de satisfacción.

Luego de esa experiencia, ¿pensó en escribir otra novela? Que bueno que lo preguntas (ríe), recientemente finalicé mi segunda novela, que se edita este año, pero es más bien histórica y trata en profundidad el conflicto del canal Beagle con Argentina. La escribí porque me pareció interesante abordar un hecho donde Chile estuvo muy cerca, por no decir a punto, de enfrentar una guerra sin precedentes en el territorio, pero que por esos años pasó inadvertida entre la ciudadanía. Está basada en testimonios y algunos personajes ficticios.

Pasando a un tema más personal, ¿cómo es su relación con la literatura hoy? Hay un escritor y médico, Antón Chejov, que describe -bajo su particular estilo- lo que muchos sentimos por esta afición. Decía que “él estaba casado con la medicina y tenía una amante que era la literatura”. Con los años he tenido la fortuna y la satisfacción de desenvolverme en ambos sentidos. Siempre he dicho que no me considero un escritor sino más un aficionado, como quienes se dedican al arte, la pintura, la música y el deporte. Este interés de los médicos por la literatura creo que viene dado por la cercanía de la profesión con lo humano, ese ir y venir entre la vida y también la muerte. Transmitir esas ideas que muchas veces se observan y se perciben y que son temas que uno vive y enfrenta a diario; en lo que somos, lo que hacemos y que están ahí a nuestro alrededor.

¿Cómo describe su paso, por cerca de 10 años, en el espacio “Médicos Escritores? Partí en la revista Panorama Médico como crítico de libros. Fue tan bien recibida la sección, que sorpresivamente comenzaron a llegar muchos cuentos de médicos escritores aficionados, por lo que decidimos abrir el concurso literario y un espacio dedicado a su publicación. Siempre fue un agrado y nunca un esfuerzo, pero a mis casi 83 años, me parece que es ya oportuno darle cabida a alguien más para que se haga cargo de esta sección. Son más de treinta los médicos de la región de Valparaíso que han sido parte de este espacio literario “Médicos Escritores”, por lo que para cerrar esta etapa de casi 10 años realizaremos un encuentro el mes de octubre en la comuna Olmué para escuchar, conocernos y contar cuentos.

Agradezco enormemente la oportunidad que entrega el colegio médico a través de este magazine a la cultura y las artes.

Entrevista de la Revista Panorama Médico.

Cristián Warnken recibe a Pedro Barría para conversar acerca de su nuevo libro «Medicina Democrática»

25 julio, 2019

Cristián Warnken recibe al abogado Pedro Barría para conversar acerca de su nuevo libro «Medicina Democrática».

www.pauta.cl/programas/desde-el-jardin/cristian-warnken-recibe-a-pedro-barria-para-conversar-acerca-de-su-nuevo

 

 

Alícia Fenieux en España en Encuentro sobre Ciencia Ficción

22 julio, 2019

El de Alicia Fenieux es uno de los grandes nombres de la literatura de género en su Chile Natal. Licenciada por la Universidad de Chile en 1982, comenzó su carrera profesional como reportera en Canal 11 en su país natal. Tres años más tarde pasó al canal de televisión TVN, en el que estuvo dieciocho años. Y, por suerte para nosotros, ha publicado también seis libros de ciencia ficción: La chica del café virtual, Cita en la burbuja, Futuro imperfecto, future imperfect, su primera novela Amor de clones y Una vida encantadora. Futuro imperfecto recibió el patrocinio de la Comisión Nacional Chilena de Cooperación con la UNESCO. Es de las pocas autoras chilenas que cultivan la distopía y en su obra, repleta de un humor muy negro, presenta un futuro perfectamente perfecto que le ha valido multitud de premios tanto en su país como en el extranjero.

Llega al Celsius232 tras formar parte de la antología América Fantástica y para participar en la excelente mesa que llevará por título Iberoamérica Fantástica. Un lujo recibir en el festival a semejante embajadora del fantástico latinoamericano.

En la foto junto a Elia Barceló…gran novelista española en feria Celsius de Aviles.

“Leonel, la historia del ídolo azul”, el mítico zurdo del Ballet Azul y la Roja del Mundial del 62

22 julio, 2019

Este es un libro necesario para quienes gustan del fútbol y admiran especialmente a Leonel Sánchez, ídolo del balompié chileno. Escrito por el periodista deportivo Jorge Salas, quien se desempeñó en diversos medios, como El Clarín, La Tercera, La Cuarta, como Jefe de Deportes de esa publicación, hasta retirarse en 2007, recibiendo varios premios en su disciplina. Esto no es neutral en la escritura: a veces la lectura del libro es como estar escuchando un relato deportivo, con pasión, agilidad, conocimientos, y lo que caracteriza a algunos comentaristas del deporte: una prodigiosa memoria para recordar y atesorar hechos, figuras del fútbol, goles, resultados, así hayan pasado los años. Uno de los méritos del libro es su narración apasionada, ágil, como si se estuviera comentando al pie de la cancha, o desde la caseta, el panorama del fútbol chileno, teniendo como protagonista al ídolo azul de todos los tiempos, “la mejor zurda que hemos tenido, la zurda de oro” (revista Estadio, septiembre de 1971).

Uno se entera de que el padre de Leonel, Juan Sánchez, era boxeador, peso gallo, campeón chileno y sudamericano. El hijo tuvo que elegir entre las posibilidades que le presentaba este: el fútbol o el boxeo. “Hay que decidirse, Leonel, el fútbol o el boxeo, pero las dos cosas no”. Jorge Salas nos cuenta de los comienzos del futuro ídolo azul. Primero su padre lo llevó al Bádminton, junto a su hermano Raúl: “Son muy buenos tus cabros, Juanito, pero este es demasiado chico, demasiado endeble. Es mejor que me lo traigas el año próximo”. Suena conocido.

“Leonel llegó a los 11 años de edad a la U y su primer entrenador fue Luis Álamos. ‒Con él aprendí mucho. Era bien zorro pillo, pero en el buen sentido”. Y así el autor va narrando parte de los hitos de Leonel: la niñez del futuro astro, el nacimiento del Ballet Azul, la primera estrella en 1959, la dupla con Carlos Campos, que dio origen a la frase “Centro de Leonel, gol de Carlos Campos”, una gira por Europa, la Roja partía por la punta izquierda (desde Leonel se comenzaba a conformar el equipo), goleador y tercero en el Mundial del 62, su salida de la U y, finalmente, algunas evocaciones, opiniones de amigos de Leonel: “Yemo” Yávar, el Zorro Álamos (“El 59 tuvo su año excepcional”), Rubén Marcos, Carlos Campos (“Más del 90% de mis goles de cabeza fueron centros de Leonel”), Alberto Fouillioux (“Leonel fue fundamental para el tercer lugar del Mundial del 62”), Chita Cruz (“La U tiene que ponerlo en un altar”), el técnico José Sulantay (“El Ballet era uno con Leonel y otro sin él”). Sin embargo, este no es un libro propiamente apologético, en el sentido de que amigos y compañeros en el fútbol hablarán de él; es, más bien, la sincera admiración de Jorge Salas a uno de los máximos representantes del fútbol chileno de todos los tiempos (“Esta es la historia del mejor zurdo del futbol nacional”, escribe). Un libro que presenta al “prócer”, al futbolista que muchos admiramos. En mi caso, la figura de Leonel Sánchez siempre me ha producido admiración, una especie de veneración al ídolo, adquirida de lo que escuché de niño; y no estoy ajeno en la lectura a las reminiscencias de cuando mi padre, seguidor del Ballet Azul, me llevaba al Estadio y cuando en Deportes Chunchito me compró mis primeros zapatos de fútbol, y el escuchar (en provincia no llegaba aún la televisión) los relatos de los partidos y los goles chilenos en el Mundial del 62. El gran Leonel es quien llenó parte de la infancia y al que alguna vez pude ver en el Estadio Nacional.

Un libro hermoso, evocador, narrado con la pericia y la pasión de un viejo periodista deportivo, que sabe de quién habla y lo admirable que fue el mejor zurdo del fútbol nacional. Sin duda que después han surgido (y surgirán) otros jugadores (la maravillosa ley de la vida), pero los mitos retienen lo esencial, lo que permanece de los grandes. Y Leonel es uno de estos, para siempre en el corazón y la historia del fútbol chileno.

Libro “La chica de la patineta” de J. P. Coudeu: enseñar a través de la literatura infantil

15 julio, 2019

Este leve volumen, ilustrado por Miguel Larrea, es un libro que es presente y futuro. Su vida es también en o para otro tiempo. Cuando este pase, cuando hayan pasado muchos años, un día la nieta Amparo tomará el libro y se encontrará con el escritor que le dedicó estos cuentos, su abuelo, y esto en literatura no es neutral: en lo más profundo, algunos libros se escriben para quien se ama, para ese encuentro atemporal o futuro con mucho de resurrección y eternidad.

La dedicatoria del libro dice: «Para Amparo, mi nieta adorada inspiradora de la mini heroína de este libro, siempre atenta a ayudar a los animalitos en problemas«, Está clara la motiación del escritor, J.P. Coudeu, de quien conozco su novela  «Azrahmod, el Engendro» (2012), libro del género fantástico, muy distinto en su temática de este que comento. Es una frecuente tentación para un narrador escribirle una obra a quien es una joya en su corazón, como para algunos padres, contarles historias inventadas en el momento a sus hijos durante la niñez de estos; entonces, para el escritor el desafío es grande. Se puede caer en contar historias que solo creemos que les podrían gustar a esos seres queridos, imitando el lenguaje infantil, desde los extramuros de ese mundo, o se logra conectar con esa dimensión poética de los niños para narrarles desde allí, para ser bien entendidos por quienes habitan aquel «país» mágico, maravilloso, donde todo es posible, el «país de la infancia»… En ese, las leyes las pone la imaginación, la poesía. Y es esto último lo que logra J.P. Coudeu en sus cuentos, en que la heroína es la «niña de la patineta», la que, vestida de simbólico rojo, como la caperucita, habla sin problemas con  los animales, sin que exista barrera alguna.

Pero el escritor quiere algo más que contar un cuento desde la dimensión maravillosa que es habitar ese mundo de la fantasía, donde las tortugas, las hormigas, los grillos, las luciérnagas y las polillas comparten el lenguaje y sentimientos humanos, y aparece entonces el escritor que quieren enseñar, la moraleja, la pedagogía. Cada relato entregará un mensaje para la nieta a la que está dedicado y, también, para todos los lectores, infantes y adultos donde el niño pervive, una enseñanza: «Tenemos que ser ordenados y debemos cuidar nuestras cosas para que duren. ¡Así las disfrutaremos por mucho tiempo!».

Son cinco cuentos; nombro algunos porque los títulos ya nos introducen en ese mundo donde-todo-es-posible-especialmente-lo-bello, donde habita La niña de la patineta y sus amigos, y el escritor, que ha debido ir a habitar allí también. De ese mundo no sale nunca igual, como de Narnia, como del mundo de Alicia en el país de las maravillas: «La chica de patineta y Hugo, la tortuga acalorada«, que perdió su caparazón al ir a bañarse a la laguna, «La chica de la patineta y Emilia, la polilla pretenciosa«. El nombre de «La chica de la patineta», no se menciona; seguramente, en el corazón del escritor, es Amparo en el mundo de la fantasía.

Este leve volumen, ilustrado por Miguel Larrea, es un libro que es presente y futuro. Su vida es también en o para otro tiempo. Cuando este pase, cuando hayan pasado muchos años, un día la nieta Amparo tomará el libro y se encontrará con el escritor que le dedicó estos cuentos, su abuelo, y esto en literatura no es neutral: en lo más profundo, algunos libros se escriben para quien se ama, para ese encuentro atemporal o futuro con mucho de resurrección y eternidad. Son ellos, los cuentos, el regalo más preciado: relatos inspirados en la vista al país de la infancia, para la reina de ese país.

En lo personal, ¿con qué me quedo luego de leído el libro? Con la amorosa motivación del escritor y la memoria de los relatos; la certeza de que habrá muchas letras de estos a lo largo de la vida, y en cada una florecerá un encuentro renovado siempre; la cuidada prosa y las delicadas ilustraciones; el mundo maravilloso al que he sido invitado; el amor que transforma la nieta amada en la heroína de un  mundo fabuloso; el amor por la naturaleza y los animales; el profundo y noble deseo, desde la experiencia, de enseñar para la vida a quien amamos y comienza el camino, del cual somos parte en el milagroso eslabón como abuelos.

 

¿Clientes o pacientes?

20 junio, 2019

“La medicina no debería ser monopolio de los médicos, sino preocupación de todos” es lo que sostiene Pedro Barría Gutiérrez” en su libro “Democracia terapéutica. Pacientes protagonistas de una medicina integral bio-psico-social”, en el cual, basándose en su experiencia como paciente, comparte conmovedoras entrevistas a médicos y pacientes, que entregan hermosos ejemplos de resiliencia y solidaridad con los demás, a través de los cuales hace un llamado a humanizar la medicina.

El médico psiquiatra y doctor en Salud Pública, Dr. Reinaldo Bustos, al comentar el libro dice que “en el libro, encontramos el reflejo del hallazgo literario entre paciente y médico, aun cuando en sus páginas, se puede leer una crítica profunda a la medicina y a los médicos. En efecto, éste es un libro crítico de la medicina y de los médicos, a los cuales se supone primariamente centrar su interés en los pacientes”.

Y es que Pedro Barría Gutiérrez, abogado de la Universidad de Chile, que trabajó como defensor de los derechos humanos en la Vicaría de la Solidaridad y que se ha destacado como defensor de pacientes y usuarios de Isapres, ha logrado numerosos fallos que han abierto una línea de protección de personas muy vulnerables.

En su libro, Pedro Barría se aleja del campo técnico-jurídico en el que ha incursionado, para adentrarse en el mundo subjetivo de los pacientes, a menudo ignorado por la medicina y los médicos, en la medida que desconocen el sentido profundo que tiene la enfermedad para los sujetos afectados.

Enfermedades graves, agudas, crónicas o incurables, que dejan en suspenso sueños y proyectos, pero, que también brindan la oportunidad de recibir y de dar.

Los testimonios de este libro, muestran cómo del padecimiento surge en los pacientes la resiliencia individual, solidaridad asociativa y actitud asertiva, las que tienen un efecto terapéutico.

“En verdad, resulta una paradoja que la expresión enfermo provenga de la raíz latina infirmus (falto de fuerzas), cuando en muchos enfermos se observa una gran fortaleza”, indica el autor.

En su nuevo libro, publicado por Editorial Forja, Barría propone una interesante tesis en el sentido de que la participación de los pacientes en el combate de sus patologías tiene en sí un efecto terapéutico.

Por ello, propicia un modelo de democracia terapéutica que significa que los pacientes sean protagonistas de una medicina integral, que considere su realidad biológica, su emocionalidad sicológica y su entorno de afectos y desafectos, donde es necesario rescatar la emoción y lo esencialmente humano.

En este sentido, son agudas sus observaciones respecto a aquellos médicos que descartan la influencia de los factores afectivos en enfermedades como el cáncer, pese a la clara evidencia que existe al respecto y muestra, la realidad que coexiste entre médicos y pacientes a través de potentes entrevistas.

Asimismo, el autor cuestiona sin sutilezas a la medicina y a los médicos, que se detienen en curar lo que podría haberse prevenido y plantea una medicina, que clama por una nueva relación médico-paciente, la que necesita ser transformada e integrada al campo familiar y social, para cumplir con el olvidado precepto de que siempre es mejor prevenir que curar.

Como lo plantea en el prólogo, el psiquiatra argentino Arturo Agüero, “la democracia terapéutica o medicina coprotagonizada por pacientes y médicos, es una verdadera creación del autor que invita, a una nueva alianza que posibilite recuperar el verdadero sentido de la enfermedad y junto a ella, también el de la salud”.

Así, Pedro Barría nos regala un libro sorprendente en nuestro medio, que se transforma en un alegato por una democracia sanitaria, que recoja la experiencia vívida de la enfermedad y que aboga por el desarrollo de una medicina integral que escuche al paciente.

“Democracia Terapéutica. Pacientes protagonistas de una medicina integral bio-psico-social”, de Pedro Barría Gutiérrez, ya está disponible en las principales librerías del país.

“No perecible”, lo inesperado de lo cotidiano en los cuentos de Lorena Ladrón de Guevara

Cuando se ha terminado un libro, el lector puede preguntarse qué recuerda cordialmente con más fuerza, cuál de los relatos leídos le ha impactado más, qué escena o situación ha quedado más patente cuando ya se han cerrado las páginas. En lo personal, anécdotas varias de estos relatos, pero de la totalidad, la mirada sobre el hecho significativo; la fuerza y fluidez narrativa; el lenguaje, claro, conducente a una situación que nos será sorpresiva; el final siempre nuevo; la anécdota que en un giro inesperado adquiere su total sentido; en fin, el cierre perfecto del círculo.

Once son los reatos que componen este breve volumen Editorial Forja, 2019). Lorena Ladrón de Guevara, mientras era estudiante del Liceo 1 «Javiera Carrera», comenzó a escribir en el taller literario dirigido por la profesora María Eugenia Lorenzini; más adelante, ya finalizada la etapa escolar, participó en talleres con los escritores Guido Eytel (narrador y poeta fallecido en diciembre del año pasado) y Andrea Maturana. Algunos de los cuentos de «No perecible» forma parte de aquellos trabajos con esos maestros, textos recuperados, revisitados y recreados. Esto contextualiza a esta narradora que publica su ópera prima.

Cuando se ha terminado un libro, el lector puede preguntarse qué recuerda cordialmente con más fuerza, cuál de los relatos leídos le ha impactado más, que escena o situación ha quedado más patente cuando ya se han cerrad las páginas. En lo personal, anécdotas varias de estos relatos, pero de la totalidad, la mirada sobre el hecho significativo; la fuerza y fluidez narrativa; el lenguaje, claro, conducente a una situación que nos será sorpresiva; el final siempre nuevo; la anécdota que en un giro inesperado adquiere su total sentido; en fin, el cierre perfecto del círculo.

En «No perecible» por ejemplo, se relata la historia de doña Jovita, dueña de un modesto negocio de barrio, quien se entretiene viendo teleseries, y su mundo es ese: la ficción televisiva, los personajes de la pantalla, lo que ocurre también con sus hijos, especialmente con su hija a la que acompaña por un asunto serio al consultorio y con su esposo, aficionado al alcohol. hechos cotidianos. No hay mucho más, pero el subtexto es potente: se retratan esas vidas mínimas, de la «cultura de la evasión», aquella en que transcurre la existencia de gran parte de la historia humana. La autora sabe descubrir en esos episodios, el flanco nuevo, para extraer de allí lo que hace interesante la lectura.

En el cuento «Música añeja», narrado en primera persona, la protagonista encuentra una billetera cuando se inclina para anudarse los cordones de los zapatos, mientras espera que cambie la luz del semáforo para cruzar la calle; seguro que esa sería de una anciana de aspecto distinguido que pasó por allí y desapareció. No puede hacer mucho por buscar a la mujer ahora, debe llegar al banco que está por cerrarse, toma la billetera, después entre sus dudas si había hecho bien o no con recogerla, hurga en la billetera y solo encuentra pertenencias de poca monta, un calendario de una tienda comercial, la receta de un postre recortada de una revista, una estampa de Sor Teresita, y tres mil pesos (en cualquier tiempo, equivalente a una mínima suma), y hay también una tarjeta con una dirección ofreciendo clases de piano.

Sin embargo la escasez, hay algo en esa billetera que dice de una clase aristocrática «venida a menos». Llega a la dirección, allí la recibe una empleada que la anuncia a la «señora». Esta es la mujer distinguida que había visto y esta le produce una gran impresión, como la antigua casa, aún señorial; la impresiona la mujer, su aura de dignidad, y le dice que viene por las clases de piano…, solo después le comenta que también a devolverle la billetera encontrada en la calle; y así se inician las clases de esta manera casi fortuita; la anciana ve en su nueva y quizás única discípula a una confidente y también una ayuda cierta a su menguada economía, y hay en la casa un retrato que le llama la atención a la protagonista, el de un hombre joven, un galán, parecido a Gardel, es el marido muerto de esta viuda empobrecida. Lo que sigue ya es del lector…

Más allá de la anécdota misma, la autora capta el lado poético, profundamente humano que hay en muchas situaciones cotidianas. He ahí parte del valor de esta novel escritora. captar, ver lo justo y poético del mundo, expresarlo de modo que la anécdota se transforma en imágenes, momentos, en hechos sugerentes que son reveladores de la complejidad humana. Como un buen fotógrafo, dar con el ángulo justo. Presentar lo inesperado de lo cotidiano. Lo demás, es lo que puede producir en el lector sensible al mundo de la literatura.