28 octubre, 2021

Los dos funerales del Presidente Allende, algo más que solo historia

Por Mario López M.

El abogado y periodista, Jorge Donoso Pacheco, rescata algo más que dos momentos históricos, el primer entierro semisecreto del presidente Salvador Allende en 1973, y su funeral oficial, en democracia, en 1990, cuando fue reconocido y homenajeado por el entonces presidente Patricio Aylwin. Rescata la necesaria reconciliación del
pueblo chileno.

No solo “es una valiosa contribución al esfuerzo por aportar nuevos antecedentes sobre un período tumultuoso de la vida de nuestro país sobre el cual queda mucho por investigar”, como señala la presentación del libro “Los dos funerales de Allende”, sino que además es un llamado a construir mayorías para llevar adelante los cambios sociales que el país necesita.

Sobre el libro, la senadora Isabel Allende destacó que se trató de una “crónica rigurosa, fina, delicada, a pesar de que entra en detalles que a veces para uno son un tanto sobrecogedores pero muy fidedignos. No es fácil cuando uno rememora los dos funerales del presidente Allende (…) Nos habla de lo que vivimos a partir de ese 11 de septiembre de 1973, pero junto con esa tristeza también es súper importante que se entregue a conocimiento, fidedigno a la verdad, lo que fueron esos dosmomentos”. 

Recuerda la hija del exmandatario, con emoción, cómo se llevó a cabo en secreto el primer funeral de su padre. “Lo narra nuestro autor, Jorge Donoso, cómo impidieron a toda costa que esto se pudiera conocer, había la más estricta censura, no habían ninguna posibilidad de informarse, cómo se hace de la manera más anónima, el maltrato que recibió Tencha, su entereza”.

Jorge Donoso, su autor, es uno de los 13 firmantes de la carta histórica de líderes demócratas cristianos que el día 13 de septiembre de 1973 rechazó el golpe de Estado en contra del gobierno legítimo de Salvador Allende. Fue, además, quien
tuvo un rol importante en el segundo funeral del expresidente, encargado por el propio Presidente Aylwin, que dignificó la figura de extinto jefe de Estado. En esta entrevista, nos relata hechos desconocidos para muchos y aporta su visión de este momento histórico que vive Chile, haciendo interesantes parangones con el pasado que le tocó vivir a nuestra patria.

– Pasaron tantos años, desde el primer funeral de Allende, enterrado de manera prácticamente clandestina, durante la dictadura de Pinochet y hasta que, ya recuperada la democracia, el Presidente Patricio Aylwin hizo un gesto de
reconciliación nacional, dando un funeral digno de jefe de Estado a Salvador Allende. Pero los antecedentes de ese hecho relevante se mantuvieron por mucho tiempo en reserva o en desconocimiento de la opinión pública. ¿Por qué ahora,
relatar esos hechos?


Me costó armarme de fuerzas para acometer este trabajo. Mucho tiempo después del año 90, mi señora, en uno de sus órdenes en casa, encontró la declaración de los 3 sepultureros que estuvieron en el primer entierro en 1973 tras la muerte del expresidente Allende. Ahí decidí contar, porque valía la pena hacerlo, estos hechos que en su mayor parte eran inéditos.

De a poco comencé a plasmar los recuerdos sobre el tema. Fue un trabajo lento al que solo después de 2012 pude dedicarme más de lleno, recién allí pude hacer trabajo de biblioteca, por ejemplo, revisando la prensa de ese tiempo, lo que me permitía completar el panorama del funeral oficial, lo que aconteció en la Catedral de Santiago, frente al cementerio, en el trayecto, del que estuve a cargo.


– Estábamos en democracia, cierto, pero tu libro entrega un detalle que da cuenta, sin decirlo, de la realidad que en ese instante tenía la frase del Presidente Aylwin, se podía lograr verdad y hacer justicia, en la medida de lo posible. El traslado de los restos, no estuvo exento de dificultades… cómo fue ello.


Es buena la referencia que haces, porque la frase del Presidente Aylwin , que aparece tan cuestionada y a veces ironizado su significado, era una verdad absoluta, los humanos somos gentes que tenemos limitaciones, uno no puede hacer siempre lo que quiere y eso es aplicable también a la política y lo que él dijo respecto a la justicia, lo mismo, y en el ejemplo del traslado, se ve con claridad.

Me correspondió traer los restos del Presidente Allende y llevaba instrucciones precisas del Presidente Aylwin, que los restos fueran trasladados a Santiago con los honores y la dignidad que merecía un expresidente de Chile, que se permitiera rendir el reconocimiento del pueblo en su trayecto. Eran tiempos en que recién estaban apareciendo, tímidamente, expresiones democráticas.

Recuerdo que el primer contacto con carabineros para coordinar el traslado, me hizo dudar o sentir la preocupación por lo que podía pasar. Una de las cosas que me llamó la atención, en la muralla de la comisaría de Viña del Mar, junto a unos pergaminos, una hoja de los calendarios donde aparece el 11 de septiembre del 73 con muchas firmas, no
alcancé a leer lo que decía, pero era fácil deducirlo. Ellos además tenían un esquema  muy detallado el desplazamiento de la caravana que acompañaría los restos desde Valparaíso hasta Santiago, con los metros y el tiempo calculados.

El título de la minuta era “Traslado de los restos mortales de su excelencia el Presidente de la República Salvador Allende Gossens”. Me llamó la atención, que los mismos que le habían arrebatado el cargo, estaban, de alguna manera, restableciendo en su lugar. Eso, que era un aspecto positivo, pero no fue tan así, pues el día anterior al traslado, me
presentaron al oficial de inteligencia que vendría con nosotros en la caravana. Fue tajante cuando me señaló: “mi instrucción es llevar los restos del presidente Allende a Santiago”.

En ese momento no entendí las dimensiones de sus dichos, pero al día siguiente sufrí, tanto como las personas que estaban a lo largo del trayecto, en la carretera, la velocidad que ellos le imprimieron al desplazamiento de la caravana, impidiendo el homenaje que mucha gente quería rendirle a Allende. Había un compromiso de detenerse en determinados lugares para que la gente homenajeara al presidente, lo que tampoco se cumplió. El libro detalla, cómo fue ese incidente, pero califica muy bien las dificultades que había en ese momento. Basta recordar que, pocos días después, en la Parada Militar, el oficial que estaba a cargo del desplazamiento de las tropas, no saludó al Presidente de la República Patricio Aylwin. Eran pequeños gestos que mostraban la rebeldía que existía en ese momento en algunos sectores de las FFAA y carabineros.


Eran pan de cada día, también otros más graves, como el “ejercicio de enlace” o “el boinazo”, por ejemplo.


Hay quienes quieren hacer un parangón con los tiempos actuales, como lo sucedido después del 18 de octubre de 2019 con lo que fue la dictadura y, eso, es desconocer absolutamente la situación. En la dictadura nadie vivía tranquilo, porque a cualquiera le podía pasar el ser detenido e incluso torturado, asesinado o hecho desaparecer, era una
cosa de una brutalidad absoluta.

Una última cosa al respecto. Quienes pretenden igualar los presos políticos de la dictadura a los delincuentes que tras el 18 de octubre que hicieron tanto daño, a los manifestantes, a comerciantes humildes, trabajadores, bienes públicos y privados, están cometiendo una gran ofensa a los verdaderos presos políticos, que lo fueron por sus ideas y no por actos delictivos.


– Volvamos un poco al funeral oficial del exmandatario, pero con ojos actuales. Su viuda, Hortensia Bussi, señaló en esa oportunidad que el funeral tenía un sentido de reparación y justicia histórica, agregando, además, de reencuentro y reconciliación.


Hoy, si miramos a la izquierda y centro izquierda, vemos una dispersión muy lejana a la unidad, que ha permitido, dos veces, llegar a la derecha al poder. Distancias ideológicas y generacionales, donde estas últimas, parecen renegar de la historia tras el regreso de la democracia. ¿Es tan así?

Primero, rescato las palabras que recuerdas de la señora Hortensia Bussi, que reconocen el gesto reconciliatorio que significó el funeral oficial del presidente Allende y, que a su vez, resaltan la figura del Presidente Aylwin, que lo enaltece, pues siendo el jefe de la oposición democrática al gobierno de Allende, siendo el presidente del partido más grande, cuando tiene la primera oportunidad, ahora siendo él jefe de Estado, tuvo un gesto de reconocimiento a la legitimidad y a la figura y cargo de Presidente de la República de Salvador Allende, lo hace. Si bien el funeral se hace en septiembre, pero la preparación comienza en abril, recién asumido el cargo con el encargo de preparar el funeral hecho a Enrique Correa y donde me pide que le ayude. Fue un reconocimiento genuino de reconciliación.

Si uno mira hoy, es lamentable la descalificación de ese eslogan que señala “no son 30 pesos sino 30 años”, pues es una exageración que lleva a tomar posiciones muy extremistas. Quiero recordar algo que cité en la presentación del libro. Hay un discurso muy importante que Allende hace a los jóvenes en la Universidad de Concepción,donde, entre otras cosas, él rescata la historia de Chile, afirmando que “son pseudos  revolucionarios los que creen que con ellos empezó la revolución”. Los jóvenes dirigentes políticos de izquierda debieran leer más a Allende, porque aterrizaría bastante más su razonamiento y sería posible llegar bastante más a posiciones más sensatas.


– Allende fue un militante disciplinado del Partido Socialista. Claramente no se puede traer a presente cuál sería su postura en estos momentos eleccionarios en el país, sin embargo, ¿podría deducirse cuál sería su postura, la de su hija, la senadora Isabel Allende o la de su nieta, la diputada Maya Fernández?


Me resulta muy complicado tratar de interpretar qué habría hecho Allende. No quiero abusar de su memoria, pero como bien dices, él era un militante disciplinado y no me cabe duda que, desde ese punto de vista, él habría acatado lo que su partido tuvo como compromiso. Pero mucho más allá de esto, que es una cuestión puntual, si se revisa las cosas que Allende dijo y las cosas que Allende hizo, están mucho más cerca de una posición de Yasna Provoste que el planteamiento que hoy hacen el Partico Comunista y el Frente Amplio.

Hay una paradoja, porque los más allendistas, en el tiempo de su gobierno, fueron los comunistas, que estaban incluso más dispuestos a llegar a un acuerdo con la Democracia Cristiana y respaldar al presidente Allende. Ahora, sin embargo, están en una actitud absolutamente disruptiva, basta recordar que no suscribieron el acuerdo de noviembre (que dio origen al cambio de constitución), aunque a algunos de nosotros no nos debiera extrañar, porque también eran contrarios a inscribirse en los registros electorales y concurrir al plebiscito que felizmente terminó con la dictadura.


– Es sabido que Allende y la Democracia Cristiana intentaron acuerdos para evitar el golpe de Estado y llegar a un plebiscito, pero a su vez existe una especie de mito que afirma que la DC promovió y apoyó el golpe. Viviste esos tiempos, siendo incluso uno de los 13 firmantes de esa histórica carta de dirigentes DC que rechazaron el golpe. ¿Eran solo 13 los DC que se opusieron?


Escribí un libro sobre este tema, “Los 13 del 13”. Siempre he sostenido que en los documentos de ese tiempo, queda más que claro que nunca hubo una posición de la Democracia Cristiana que alentara al golpe de Estado, muy por el contrario. Volviendo a la declaración de los 13, en el libro relato que son 3 momentos distintos en su origen, el primero es el “Tanquetazo”, oportunidad en que la directiva del Partido Demócrata Cristiano, con Patricio Aylwin a la cabeza, fue a la casa de don Bernardo Leighton y desde allí se llamó a Allende para rechazar el movimiento golpista que felizmente fracasó.

El segundo momento, y esto es muy importante, es la declaración de la Cámara de Diputados. La noche anterior a que se acordara la declaración, varios de nosotros recibimos llamados de personeros de la Unidad Popular (UP), preocupados por los efectos de la declaración. En esa oportunidad Leighton llamó a Patricio Aylwin y nos pidió que nos fuéramos a su oficina donde expusimos lo que había pasado la noche anterior. Allí se redactó una declaración por Renán Fuentealba y se ordenó que se leyera esa declaración en la Cámara respaldando la democracia. Eso despeja, una vez por todas, que la Democracia Cristiana jamás dio diera luz verde a un golpe militar.

Ahora, desgraciadamente y hasta Patricio Aylwin lo reconoció, la declaración que hace la directiva del partido tras el golpe, da por hecho lo que ocurrió, pero las declaraciones existentes del los Consejos Nacionales del partido, el 70 y 73, fueron claras y nunca podría alguien interpretarlas como que pudieran alentar un golpe de Estado.


– Hoy existe en algunos sectores de izquierda, la intención o deseo de reconstituir la Unidad Popular. ¿Es eso, en tu mirada, posible?


Para hacer las reformas que el país necesita, se requiere conformar una mayoría y eso se logra con unir las fuerzas progresistas, que hoy representan la izquierda y la democracia cristiana, pero revivir una fuerza minoritaria, creo que sería, francamente, suicida.


– Cuál fue el fin de escribir este libro.


Al principio, parecía que era solo contar una historia, pues yo tenía antecedentes que otras personas no tuvieron posibilidad de acceder a ellos, pero el fin fue, sobre todo, destacar un gesto de reconciliación, de convivencia democrática, de convivencia civilizada, en que se tiene consideración por un Presidente de la República, aunque tú
tengas una posición distinta a la de él e incluso hayas sido su opositor.

Mira la diferencia entre la falta absoluta de respeto de la dictadura hacia su persona y  familia, en relación a la democracia, en que se dignificó su rol de presidente, en el reconocimiento que se hizo en su funeral por quien fuera opositor a su gobierno.