Los dos funerales del Presidente Allende, algo más que solo historia

28 octubre, 2021

Por Mario López M.

El abogado y periodista, Jorge Donoso Pacheco, rescata algo más que dos momentos históricos, el primer entierro semisecreto del presidente Salvador Allende en 1973, y su funeral oficial, en democracia, en 1990, cuando fue reconocido y homenajeado por el entonces presidente Patricio Aylwin. Rescata la necesaria reconciliación del
pueblo chileno.

No solo “es una valiosa contribución al esfuerzo por aportar nuevos antecedentes sobre un período tumultuoso de la vida de nuestro país sobre el cual queda mucho por investigar”, como señala la presentación del libro “Los dos funerales de Allende”, sino que además es un llamado a construir mayorías para llevar adelante los cambios sociales que el país necesita.

Sobre el libro, la senadora Isabel Allende destacó que se trató de una “crónica rigurosa, fina, delicada, a pesar de que entra en detalles que a veces para uno son un tanto sobrecogedores pero muy fidedignos. No es fácil cuando uno rememora los dos funerales del presidente Allende (…) Nos habla de lo que vivimos a partir de ese 11 de septiembre de 1973, pero junto con esa tristeza también es súper importante que se entregue a conocimiento, fidedigno a la verdad, lo que fueron esos dosmomentos”. 

Recuerda la hija del exmandatario, con emoción, cómo se llevó a cabo en secreto el primer funeral de su padre. “Lo narra nuestro autor, Jorge Donoso, cómo impidieron a toda costa que esto se pudiera conocer, había la más estricta censura, no habían ninguna posibilidad de informarse, cómo se hace de la manera más anónima, el maltrato que recibió Tencha, su entereza”.

Jorge Donoso, su autor, es uno de los 13 firmantes de la carta histórica de líderes demócratas cristianos que el día 13 de septiembre de 1973 rechazó el golpe de Estado en contra del gobierno legítimo de Salvador Allende. Fue, además, quien
tuvo un rol importante en el segundo funeral del expresidente, encargado por el propio Presidente Aylwin, que dignificó la figura de extinto jefe de Estado. En esta entrevista, nos relata hechos desconocidos para muchos y aporta su visión de este momento histórico que vive Chile, haciendo interesantes parangones con el pasado que le tocó vivir a nuestra patria.

– Pasaron tantos años, desde el primer funeral de Allende, enterrado de manera prácticamente clandestina, durante la dictadura de Pinochet y hasta que, ya recuperada la democracia, el Presidente Patricio Aylwin hizo un gesto de
reconciliación nacional, dando un funeral digno de jefe de Estado a Salvador Allende. Pero los antecedentes de ese hecho relevante se mantuvieron por mucho tiempo en reserva o en desconocimiento de la opinión pública. ¿Por qué ahora,
relatar esos hechos?


Me costó armarme de fuerzas para acometer este trabajo. Mucho tiempo después del año 90, mi señora, en uno de sus órdenes en casa, encontró la declaración de los 3 sepultureros que estuvieron en el primer entierro en 1973 tras la muerte del expresidente Allende. Ahí decidí contar, porque valía la pena hacerlo, estos hechos que en su mayor parte eran inéditos.

De a poco comencé a plasmar los recuerdos sobre el tema. Fue un trabajo lento al que solo después de 2012 pude dedicarme más de lleno, recién allí pude hacer trabajo de biblioteca, por ejemplo, revisando la prensa de ese tiempo, lo que me permitía completar el panorama del funeral oficial, lo que aconteció en la Catedral de Santiago, frente al cementerio, en el trayecto, del que estuve a cargo.


– Estábamos en democracia, cierto, pero tu libro entrega un detalle que da cuenta, sin decirlo, de la realidad que en ese instante tenía la frase del Presidente Aylwin, se podía lograr verdad y hacer justicia, en la medida de lo posible. El traslado de los restos, no estuvo exento de dificultades… cómo fue ello.


Es buena la referencia que haces, porque la frase del Presidente Aylwin , que aparece tan cuestionada y a veces ironizado su significado, era una verdad absoluta, los humanos somos gentes que tenemos limitaciones, uno no puede hacer siempre lo que quiere y eso es aplicable también a la política y lo que él dijo respecto a la justicia, lo mismo, y en el ejemplo del traslado, se ve con claridad.

Me correspondió traer los restos del Presidente Allende y llevaba instrucciones precisas del Presidente Aylwin, que los restos fueran trasladados a Santiago con los honores y la dignidad que merecía un expresidente de Chile, que se permitiera rendir el reconocimiento del pueblo en su trayecto. Eran tiempos en que recién estaban apareciendo, tímidamente, expresiones democráticas.

Recuerdo que el primer contacto con carabineros para coordinar el traslado, me hizo dudar o sentir la preocupación por lo que podía pasar. Una de las cosas que me llamó la atención, en la muralla de la comisaría de Viña del Mar, junto a unos pergaminos, una hoja de los calendarios donde aparece el 11 de septiembre del 73 con muchas firmas, no
alcancé a leer lo que decía, pero era fácil deducirlo. Ellos además tenían un esquema  muy detallado el desplazamiento de la caravana que acompañaría los restos desde Valparaíso hasta Santiago, con los metros y el tiempo calculados.

El título de la minuta era “Traslado de los restos mortales de su excelencia el Presidente de la República Salvador Allende Gossens”. Me llamó la atención, que los mismos que le habían arrebatado el cargo, estaban, de alguna manera, restableciendo en su lugar. Eso, que era un aspecto positivo, pero no fue tan así, pues el día anterior al traslado, me
presentaron al oficial de inteligencia que vendría con nosotros en la caravana. Fue tajante cuando me señaló: “mi instrucción es llevar los restos del presidente Allende a Santiago”.

En ese momento no entendí las dimensiones de sus dichos, pero al día siguiente sufrí, tanto como las personas que estaban a lo largo del trayecto, en la carretera, la velocidad que ellos le imprimieron al desplazamiento de la caravana, impidiendo el homenaje que mucha gente quería rendirle a Allende. Había un compromiso de detenerse en determinados lugares para que la gente homenajeara al presidente, lo que tampoco se cumplió. El libro detalla, cómo fue ese incidente, pero califica muy bien las dificultades que había en ese momento. Basta recordar que, pocos días después, en la Parada Militar, el oficial que estaba a cargo del desplazamiento de las tropas, no saludó al Presidente de la República Patricio Aylwin. Eran pequeños gestos que mostraban la rebeldía que existía en ese momento en algunos sectores de las FFAA y carabineros.


Eran pan de cada día, también otros más graves, como el “ejercicio de enlace” o “el boinazo”, por ejemplo.


Hay quienes quieren hacer un parangón con los tiempos actuales, como lo sucedido después del 18 de octubre de 2019 con lo que fue la dictadura y, eso, es desconocer absolutamente la situación. En la dictadura nadie vivía tranquilo, porque a cualquiera le podía pasar el ser detenido e incluso torturado, asesinado o hecho desaparecer, era una
cosa de una brutalidad absoluta.

Una última cosa al respecto. Quienes pretenden igualar los presos políticos de la dictadura a los delincuentes que tras el 18 de octubre que hicieron tanto daño, a los manifestantes, a comerciantes humildes, trabajadores, bienes públicos y privados, están cometiendo una gran ofensa a los verdaderos presos políticos, que lo fueron por sus ideas y no por actos delictivos.


– Volvamos un poco al funeral oficial del exmandatario, pero con ojos actuales. Su viuda, Hortensia Bussi, señaló en esa oportunidad que el funeral tenía un sentido de reparación y justicia histórica, agregando, además, de reencuentro y reconciliación.


Hoy, si miramos a la izquierda y centro izquierda, vemos una dispersión muy lejana a la unidad, que ha permitido, dos veces, llegar a la derecha al poder. Distancias ideológicas y generacionales, donde estas últimas, parecen renegar de la historia tras el regreso de la democracia. ¿Es tan así?

Primero, rescato las palabras que recuerdas de la señora Hortensia Bussi, que reconocen el gesto reconciliatorio que significó el funeral oficial del presidente Allende y, que a su vez, resaltan la figura del Presidente Aylwin, que lo enaltece, pues siendo el jefe de la oposición democrática al gobierno de Allende, siendo el presidente del partido más grande, cuando tiene la primera oportunidad, ahora siendo él jefe de Estado, tuvo un gesto de reconocimiento a la legitimidad y a la figura y cargo de Presidente de la República de Salvador Allende, lo hace. Si bien el funeral se hace en septiembre, pero la preparación comienza en abril, recién asumido el cargo con el encargo de preparar el funeral hecho a Enrique Correa y donde me pide que le ayude. Fue un reconocimiento genuino de reconciliación.

Si uno mira hoy, es lamentable la descalificación de ese eslogan que señala “no son 30 pesos sino 30 años”, pues es una exageración que lleva a tomar posiciones muy extremistas. Quiero recordar algo que cité en la presentación del libro. Hay un discurso muy importante que Allende hace a los jóvenes en la Universidad de Concepción,donde, entre otras cosas, él rescata la historia de Chile, afirmando que “son pseudos  revolucionarios los que creen que con ellos empezó la revolución”. Los jóvenes dirigentes políticos de izquierda debieran leer más a Allende, porque aterrizaría bastante más su razonamiento y sería posible llegar bastante más a posiciones más sensatas.


– Allende fue un militante disciplinado del Partido Socialista. Claramente no se puede traer a presente cuál sería su postura en estos momentos eleccionarios en el país, sin embargo, ¿podría deducirse cuál sería su postura, la de su hija, la senadora Isabel Allende o la de su nieta, la diputada Maya Fernández?


Me resulta muy complicado tratar de interpretar qué habría hecho Allende. No quiero abusar de su memoria, pero como bien dices, él era un militante disciplinado y no me cabe duda que, desde ese punto de vista, él habría acatado lo que su partido tuvo como compromiso. Pero mucho más allá de esto, que es una cuestión puntual, si se revisa las cosas que Allende dijo y las cosas que Allende hizo, están mucho más cerca de una posición de Yasna Provoste que el planteamiento que hoy hacen el Partico Comunista y el Frente Amplio.

Hay una paradoja, porque los más allendistas, en el tiempo de su gobierno, fueron los comunistas, que estaban incluso más dispuestos a llegar a un acuerdo con la Democracia Cristiana y respaldar al presidente Allende. Ahora, sin embargo, están en una actitud absolutamente disruptiva, basta recordar que no suscribieron el acuerdo de noviembre (que dio origen al cambio de constitución), aunque a algunos de nosotros no nos debiera extrañar, porque también eran contrarios a inscribirse en los registros electorales y concurrir al plebiscito que felizmente terminó con la dictadura.


– Es sabido que Allende y la Democracia Cristiana intentaron acuerdos para evitar el golpe de Estado y llegar a un plebiscito, pero a su vez existe una especie de mito que afirma que la DC promovió y apoyó el golpe. Viviste esos tiempos, siendo incluso uno de los 13 firmantes de esa histórica carta de dirigentes DC que rechazaron el golpe. ¿Eran solo 13 los DC que se opusieron?


Escribí un libro sobre este tema, “Los 13 del 13”. Siempre he sostenido que en los documentos de ese tiempo, queda más que claro que nunca hubo una posición de la Democracia Cristiana que alentara al golpe de Estado, muy por el contrario. Volviendo a la declaración de los 13, en el libro relato que son 3 momentos distintos en su origen, el primero es el “Tanquetazo”, oportunidad en que la directiva del Partido Demócrata Cristiano, con Patricio Aylwin a la cabeza, fue a la casa de don Bernardo Leighton y desde allí se llamó a Allende para rechazar el movimiento golpista que felizmente fracasó.

El segundo momento, y esto es muy importante, es la declaración de la Cámara de Diputados. La noche anterior a que se acordara la declaración, varios de nosotros recibimos llamados de personeros de la Unidad Popular (UP), preocupados por los efectos de la declaración. En esa oportunidad Leighton llamó a Patricio Aylwin y nos pidió que nos fuéramos a su oficina donde expusimos lo que había pasado la noche anterior. Allí se redactó una declaración por Renán Fuentealba y se ordenó que se leyera esa declaración en la Cámara respaldando la democracia. Eso despeja, una vez por todas, que la Democracia Cristiana jamás dio diera luz verde a un golpe militar.

Ahora, desgraciadamente y hasta Patricio Aylwin lo reconoció, la declaración que hace la directiva del partido tras el golpe, da por hecho lo que ocurrió, pero las declaraciones existentes del los Consejos Nacionales del partido, el 70 y 73, fueron claras y nunca podría alguien interpretarlas como que pudieran alentar un golpe de Estado.


– Hoy existe en algunos sectores de izquierda, la intención o deseo de reconstituir la Unidad Popular. ¿Es eso, en tu mirada, posible?


Para hacer las reformas que el país necesita, se requiere conformar una mayoría y eso se logra con unir las fuerzas progresistas, que hoy representan la izquierda y la democracia cristiana, pero revivir una fuerza minoritaria, creo que sería, francamente, suicida.


– Cuál fue el fin de escribir este libro.


Al principio, parecía que era solo contar una historia, pues yo tenía antecedentes que otras personas no tuvieron posibilidad de acceder a ellos, pero el fin fue, sobre todo, destacar un gesto de reconciliación, de convivencia democrática, de convivencia civilizada, en que se tiene consideración por un Presidente de la República, aunque tú
tengas una posición distinta a la de él e incluso hayas sido su opositor.

Mira la diferencia entre la falta absoluta de respeto de la dictadura hacia su persona y  familia, en relación a la democracia, en que se dignificó su rol de presidente, en el reconocimiento que se hizo en su funeral por quien fuera opositor a su gobierno.

Agrupación Nacional de Escritores de Fútbol premia a Editorial Forja como la Mejor Editorial del Año

15 octubre, 2021

También fue premiado en la categoría Revelación el periodista Rodrigo Diez, autor del libro Raíces Cruzadas publicado este año por Editorial Forja.

La Agrupación Nacional de Escritores de Fútbol, entidad que agrupa a reconocidos escritores e historiadores del país dedicados a este deporte, dio a conocer a los galardonados de los «Premios Nacionales y Reconocimiento del Fútbol Chileno IHE 2021», donde Editorial Forja fue reconocida como la Mejor Editorial del Año y el escritor Rodrigo Diez, autor del libro Raíces Cruzadas, como Premio Revelación.

La directora de Editorial Forja, María Eugenia Lorenzini, agradeció este importante reconocimiento. “En Editorial Forja estamos muy contentos por este premio, ya que siempre hemos querido abrir un espacio para el desarrollo y difusión de la literatura deportiva. Este es un importante incentivo para seguir adelante, publicando y dando a conocer el trabajo de tan buenos escritores chilenos. Aprovecho de felicitar a Rodrigo Diez por su merecido reconocimiento, ya que Raíces Cruzadas es un libro imperdible sobre uno de los clubes de fútbol más importantes de nuestro país”, señaló.

Para Rodrigo Diez “es un honor y una sorpresa que Raíces Cruzadas haya sido distinguido como el libro revelación 2021. No esperaba este tipo de reconocimiento para mi primera publicación. De todas maneras es una gran alegría en lo personal, como escritor debutante, pero también porque significa que el contenido de este libro es relevante, que de verdad la UC es el club que más ha aportado al fútbol chileno en los últimos años. Este premio se suma a los muchos comentarios que he recibido de fanáticos del fútbol que han disfrutado la lectura de Raíces Cruzadas y también de muchos hinchas de la Católica que han visto su historia de amor por el club reflejada en estas páginas”.

“El premio a Editorial Forja es absolutamente merecido. Se trata de una editorial que trabaja  de forma seria y dedicada con los autores y que da espacios para las múltiples variedades de gustos y preferencias de los hinchas del fútbol. Se pueden encontrar títulos sobre distintos equipos y también sobre muchos temas relacionados con este deporte. El fútbol no se juega solo en la cancha, también se vive. Los hinchas lo viven todos los días en distintos aspectos de su vida. Y Forja se ha hecho cargo de esa demanda y esa necesidad de que haya más contenido relacionado a este deporte que tanto queremos”, agregó.

Cabe destacar que Editorial Forja tiene una línea dedicada especialmente a libros de fútbol, entre los que destacan: Mumo… Por Siempre de Luis Avendaño y Hugo Pinto; Fuera de juego, breves crónicas del fútbol chileno y 82. Sangre, fútbol y quiebras, ambos de Cristián Venegas; Peregrinaje al bicampeonato de Gustavo Villafranca; Tiempos de Superclásicos de Roberto Rabi; Goles son historias de Juan Moya y Sebastián Ubilla; Volver a tocar el cielo de Rodrigo Pérez; y Marcelo Bielsa, el día que todo cambió de Luis Mora Obregón, quien fue reconocido por la Agrupación de Escritores del Fútbol chileno por su libro con el Premio Nacional 2018.

La Ceremonia de entrega de los galardones 2021 se efectuará la primera quincena de diciembre.

Cardiólogo novela el primer exorcismo en Chile

14 septiembre, 2021

Viñamarino Eduardo Bastías investigó a fondo el tema y escribió «La endemoniada de la calle de la Maestranza»

Jorge Donoso, autor de “Los Dos Funerales del Presidente Allende”: “Se proyecta una figura que no es la que él vivió como dirigente político”

11 septiembre, 2021

De esta forma, el histórico militante DC aborda la figura del líder de la Unidad Popular, recordando que el Mandatario socialista afirmaba que ‘son pseudo revolucionarios los que creen que la revolución surgió con ellos’”, reivindicando así el legado de la ex Concertación ante la interpretación crítica de la izquierda de aquel periodo de la Transición. También revela detalles de su nuevo libro, como que un grupo de pobladores se congregó en el cementerio Santa Inés de Viña del Mar para exigir un responso digno en los días posteriores al Golpe de Estado de 1973.

Jorge Donoso Pacheco (81) vivió varios momentos claves de la historia política de nuestro país, desde antes que Salvador Allende llegara a la presidencia.

En el gobierno de Eduardo Frei Montalva se desempeñó como jefe de gabinete de los cuatro ministros de Justicia y del Interior. Más tarde, con Patricio Aylwin, ejerció como asesor jurídico del Secretario General de Gobierno.

A lo largo de su vida se ha desempeñado como un militante histórico de la Democracia Cristiana. De hecho, fue uno de los militantes que firmaron la emblemática “Carta de los 13”, en la que algunos demócratas cristianos rechazaban el golpe militar, contrario a la postura que sostuvo la directiva del partido. 

Donoso Pacheco es Periodista de la Universidad de Santiago y estudió Derecho en la Universidad de Chile. Fue director de Fortín Mapocho y subdirector de La Nación. Además, presidió el Colegio de Periodistas y el directorio de Televisión Nacional.

Hoy en día dedica su tiempo a escribir libros que reflejen lo que él vivió en la época de la dictadura militar, como un proceso de ejercitar la memoria. 

En ese contexto, acaba de lanzar su nuevo libro “Los Dos Funerales del Presidente Allende” (Editorial Forja), en el que revela detalles inéditos del entierro semi secreto que se le hizo al líder de la Unidad Popular en 1973 en el cementerio Santa Inés de Viña del Mar, en máxima tensión con la naciente dictadura militar.

Una semana después de lanzar su texto, y después de sortear algunas dificultades tecnológicas, Donoso Pacheco se conecta a un link de Zoom para conversar con The Clinic sobre su libro y el contexto actual que vive el país.

-¿Qué es lo que busca retratar el libro a través de los dos funerales del Presidente Allende?

-Está pensado, naturalmente, en hacer un paralelo entre lo que fue la actitud de la dictadura, que no tenía ninguna consideración respecto a la condición de Presidente de la República Salvador Allende, que era en cierto sentido más explicable porque ellos lo habían depuesto. Pero tampoco ninguna consideración humana. O sea, querían hacer el entierro, porque no puede llamarse funeral, lo más rápidamente posible y sin consideración de darle tiempo a la familia para hacerlo como correspondía.

-O sea, ¿no solamente aborda el ámbito político, sino de lo deshumanizante de la dictadura?

-Exacto, lo que se contrasta con el funeral que hizo Aylwin. Siendo que fue adversario de Salvador Allende y que, además, fue opositor a su gobierno, incluso lo dijo en el funeral, toma las medidas necesarias apenas asume con el objetivo de darle la sepultura que correspondía. Por su condición de Presidente y la consideración humana que se tiene con respecto a cualquier persona.

-¿Trata de reflejar cómo Aylwin respeta la calidad de Presidente de la República, al contrario de la dictadura?

-Si, sí, exactamente.

-En la presentación de su libro se habló de que estos dos funerales marcan el inicio y el fin de la dictadura. ¿Cuál es el significado histórico que relata su libro con estos dos hechos?

-El relato que yo hago trata de ser objetivo en el sentido de dejar que las conclusiones las tome principalmente el lector. Pero resalta el tratamiento distinto que tiene la dictadura, en el sentido de poco menos que tratar de eliminar de cualquier participación a su enemigo. Y en cambio, dentro de la democracia existe, existía y debiera existir siempre esa consideración, que va más allá de las posiciones políticas de uno y otro. Ahora, en ese sentido, hay una señal de comenzar un período de mayor respeto a la persona, de mayor consideración, de respeto también con la institución de la Presidencia de la República y, en general, de los símbolos democráticos.

-¿Cuáles son los datos fundamentales del primer entierro del Presidente Allende?
-Los datos principales son que le ponen a la familia la necesidad de ser el funeral lo antes posible y en forma, como ellos pretendían, secreta. No tienen ninguna consideración con la viuda o con los hijos del fallecido y eso lo hizo ver Isabel (Allende) en la presentación del libro. No les proporcionan movilización para trasladarse al aeropuerto. Y ahí hay que destacar, yo creo, una vez más, la actitud del Edecán aéreo, Roberto Sánchez, que es el único de Edecán que se mantuvo al servicio del presidente Allende cuando éste le dijo a los Edecanes que podían retirarse de sus respectivas misiones. Roberto Sánchez se preocupa de que la viuda pueda movilizarse hacia el aeropuerto. Él la acompaña hasta el cementerio.

Vuelvo a decir que ellos (la dictadura) tratan de que esto sea lo más desconocido posible. Ahí hay un primer gesto de la Primera Dama, de la viuda del Presidente, que es cuando están procediendo al entierro; toma unos cardenales de una tumba vecina, los pone sobre el ataúd del Presidente, y les dice a los sepultureros: ‘Ustedes representan al pueblo de Chile y están enterrando aquí al Presidente de la República’.

-Suena estremecedor…

-Por supuesto, yo lo siento a pesar de que lo he recordado y dicho muchas veces, me produce lo mismo. O sea, la actitud de la señora Hortensia fue muy digna, muy ejemplar para cualquiera que estuviera en esa situación. 

Quería destacar también que, a pesar de que quisieron hacer esto en forma semi secreta, cuando los sepultureros terminaron el trabajo van a almorzar y, al regreso, hay un grupo de pobladores, un grupo importante, que exigía que le hicieran una misa o cualquier tipo de oficio religioso o ceremonia al Presidente Allende. ¿Por qué para mí es importante esto? En ese momento estabamos con toque de queda. En segundo lugar: ¿cómo supieron ellos? ¿cómo se enteraron? Porque como digo, no se lo habían dicho a nadie. Ellos llegaron y se mantuvieron firmes respecto a que se le hiciera algún tipo de ceremonia, lo que no fue posible. Pero habla bien de su actitud y le costó a varios que los llevaran presos. Carabineros llegó advertidos por el del director del cementerio. Esto habla muy bien de hasta qué punto Allende se había impresionado y fundido con el pueblo chileno.

-O sea, para usted eso destaca la influencia de Allende…

-Sí. Ahora, hay otra cosa bien importante: que a la viuda le impidieron ver en cualquier momento el cuerpo del Presidente. Le insistieron en que estaba sellado y era imposible. Pero al sacar el ataúd, que no era muy bueno, este se abrió y los pobladores vieron la cara del presidente, un poco deformada por el balazo que había recibido, pero absolutamente reconocible. Todo esto lo plasmaron ellos en una declaración jurada, que yo también incluyo en el libro, que fue además para mí la principal motivación de hacer el libro. Porque muchos años después, en uno de los órdenes que hace mi señora en la casa, apareció esta declaración y yo dije: esta historia hay que contarla.

-¿Quiénes asistieron al entierro oficial?

-Yo empecé toda esta indagación después de haber recibido el encargo del ministro Secretario General de Gobierno, Enrique Correa, quien a su vez había sido encomendado por el Presidente de la República a organizar el traslado (desde Viña a Santiago). Recordemos que esto se hace 17 años después de que ocurrió el primer entierro. Entonces, hubo un funeral oficial en que vinieron muchas delegaciones extranjeras. Entre ellas de Francia, por ejemplo, que vino el que en ese momento era el primer ministro, Michel Rocard, con la señora de quien en ese momento era el presidente francés, François Mitterrand. En el cementerio en Viña del Mar, para exhumar los restos y traerlo a Santiago, estuvieron los ministros del Interior, Enrique Krauss, Secretario General de Gobierno, Enrique Correa, un dirigente del Partido Socialista, que era Jorge Arrate, y la familia.

-¿Y en el primer entierro?

-En el primero solamente estuvo la viuda, la hermana del Presidente, Laura Allende, que se suicidó años después en La Habana, el edecán aéreo del Presidente, Roberto Sánchez, y dos representantes del Ejército, dos de la Marina y dos de la Fuerza Aérea.

-¿Esos representantes estaban vigilando o rindiendo honores?

-No, no, no. Ni si quiera en el funeral oficial hubo honores de las Fuerzas Armadas. Yo me imagino que ellos no quisieron dar honores, pero principalmente la familia no quiso que hubieran honores militares, no les parecía adecuado. Ellos aparecieron como una especie de testigos.

-¿Cuál era su relación con Allende? ¿Usted lo pudo conocer?

-Personalmente no tuve la oportunidad de conocerlo. Por supuesto, él era una persona de una vasta trayectoria política y siempre me interesó su figura, su actuación. La única vez que habría tenido la oportunidad de conocerlo fue el 29 de junio con el Tanquetazo. En esa oportunidad nos juntamos en la casa de Bernardo Leighton y la directiva de la DC. Ahí Aylwin llamó a Allende para rechazar la sonada que se había producido. Y en la tarde, ya con más tranquilidad, con don Bernardo estuvimos de acuerdo en que yo pudiera ir a La Moneda a hablar con Augusto Olivares, que era el director de Televisión Nacional y yo trabajaba ahí en la Fiscalía, era bastante a Olivares. Cuando llegué, me dijo que el Presidente, cuando supo que yo iba, quería saludarme, pero estaba descansando porque se estaba preparando para una concentración, donde él haría uso de la palabra.

-Usted, además, es uno de las figuras que firmó esta famosa declaración de los 13 demócratas cristianos que rechazaron el Golpe de Estado, mientras que la postura de su partido era más favorable o justificaba el golpe

-Yo creo que la mejor manera de caracterizar la declaración del partido respecto al golpe es: aceptación del golpe. Eso yo creo que es más preciso, aunque a poco andar tomó ciertos compromisos con la dictadura en el sentido de permitir a algunos militantes que tomaran cargos de gobierno, pensando que podían influir para que no se produjeran los abusos y las atrocidades que ocurrieron de todos modos. 

Yo tengo un libro sobre este acontecimiento, se llama “Los 13 del 13” y ahí la figura central es de Bernardo Leighton. Esta fue una declaración hecha al margen de la directiva de la DC. Bernardo era un militante disciplinado. Pero en esta oportunidad, él creyó que su deber antes que ninguna cosa, era rechazar con fuerza el golpe militar. Y en este sentido, tuvo una diferencia con Radomiro Tomic, porque Tomic era partidario de ir al Consejo Nacional y pelear ahí que esta declaración fuera la del partido. Llamó, se pusieron en contacto telefónico Bernardo con Tomic y don Bernardo le dijo ‘Radomiro, estas personas están en otra posición, en otro lugar, así que vamos a hacer la declaración de todas maneras’. Por eso la firma de Radomiro Tomic está en una segunda hoja, porque lo hizo después.

-Hoy se critica a la DC por su rol en estos últimos 30 años. En su opinión, ¿cuál fue la relevancia de los 13 para que la DC se mantuviera como un partido todavía progresista?

-Bueno, yo creo que en ese momento quizá no lo medimos, no es que lo hiciéramos por eso. Pero la consecuencia fue lo que usted señala, de que eso permitió tener algún lazo, alguna forma de relación con la izquierda,específicamente con los personeros de la Unidad Popular, que hizo posible después la Concertación y la recuperación de la democracia en Chile. Yo creo que si no hubiera existido esa declaración, habría sido mucho más complicado que los socialistas, e incluso los comunistas y los radicales, tuvieran una apertura para conversar algo consistente.

-¿Cual es su opinión de Yasna Provoste como abanderada DC y lideresa del bloque de centro izquierda?

-Yo tengo la mejor opinión de ella. La conocí cuando ella era intendenta de Atacama. Yo fui por razones de trabajo, porque en ese tiempo estaba en Codelco. Y me impresionó. Ella era muy joven en ese momento, una persona muy talentosa y de hecho lo ha demostrado después. Yo creo que tiene todas las condiciones como para ser una muy buena Presidenta de la República y creo que ha ido asentando una posición muy, muy concreta y positiva, de proponer salidas, proponer soluciones a los problemas que tiene Chile.

-En base a su experiencia, ¿quién representa mejor las ideas socialistas de Allende? ¿Boric o Provoste?

-Bueno, Yasna Provoste es demócrata cristiana, pero yo creo que hay cosas que se desconocen de Salvador Allende. Se proyecta una figura que no es la que él vivió como dirigente político. Hay un discurso a los estudiantes de la Universidad de Concepción que es muy importante, que yo reproduzco en mi presentación en el libro, y que hace, digamos, tres cuestiones que a mí me impresionaron mucho. Primero, a los estudiantes de izquierda, que él llamaba revolucionarios, les dice que su primera obligación es estudiar y lo insiste varias veces. Segundo, hay un rechazo absoluto de él al uso de la violencia, dice ‘no queremos la violencia, no necesitamos la violencia’. Y otra cosa que es muy importante, es que él rescata los valores patrios, habla de los padres de la patria. Pero él dice que ‘son pseudo revolucionarios los que creen que la revolución surgió con ellos’. 

En eso yo creo que tenemos algunos ejemplos recientes de personas que creen que todo partió con ellos, qué hacen tabla rasa de las cosas que se hicieron antes. Entre ello, desconocer el importante avance que tuvo el país con los gobiernos de la Concertación. Entonces yo creo que Allende habría tenido una actitud muy distinta a la que algunos suponen.

“Expediciones domésticas”: un libro de cuentos que no dejará a nadie insatisfecho

1 septiembre, 2021

En esta opera prima, Cristóbal Acevedo Ferrer demuestra un talento escriturario y una imaginación que “cautivará y capturará al lector, provocándolo, cuestionando de manera profunda sus certezas de la vida real y racional”, como lo dice en el prólogo el escritor Diego Muñoz Valenzuela.

Comenzaré esta crónica literaria con lo que podría ser la conclusión. Al finalizar la lectura de este libro de cuentos sólo puedo afirmar que su autor ha construido una obra que no dejará a nadie insatisfecho, pues maneja con precisión los modos escriturarios para elaborar historias que se ubican dentro de uno de los paradigmas que en la historia de la literatura universal ha tenido ilustres representantes. En este sentido, Cristóbal Acevedo Ferrer no les va en zaga, sino que me da la impresión de que ha bebido de una fuente inagotable y se ha empapado de la atmósfera y el sentido estético de lo que se conoce como el relato fantástico.

Este es un volumen que coge al lector/a desde las primeras líneas con que se abren los casi veinte cuentos que lo componen. Siempre se ha sabido que la frase inicial o la enunciación primera de un discurso narrativo es esencial para atrapar a quien lee. Esta conditio sine qua non es de toda obra narrativa y no es el caso de citar inicios célebres. Si los ejemplos pueden provenir de la novela, con mayor razón en el cuento dicha conditio se transforma en un asunto radical.

El cuento como forma narrativa debe ganar por knockout al lector/a; el golpe inicial es decisivo. El libro de Cristóbal Acevedo Ferrer cumple con esta prerrogativa cortazoriana. Esta forma narrativa es compleja. Ser un buen cuentista significa saber que se debe concentrar una historia sin el despliegue de la novela. La definición de cuento que aprendí hace mucho como estudiante de literatura en la universidad es que se trata de una forma verbal breve -el adjetivo luego se hizo in extremis con el género del tercer milenio, el microcuento o microrrelato que Acevedo Ferrer nos deja plasmado también en su libro.

En realidad, el texto es dos en uno. Rara vez vemos esta división escrituraria. En este caso, los cuentos están aglutinados sobre la base de una temática. La primera parte, le da nombre al volumen y concentra la mayor parte de los relatos: Expediciones domésticas; mientras que la segunda se titula Mensajes extraviados. Ambas denominaciones para el lector avisado cervantinamente hablando, indican por donde transitaremos. El título primero es sorprendente, pues nos descoloca en la percepción práctica de qué entendemos por una expedición. Esta es una acción que conlleva un salir a espacios inexplorados, ocultos, enigmáticos.

Una expedición siempre tiene un carácter aventurero lleno de sorpresas gratas o ingratas. Sólo que aquí se trata de expediciones domésticas. En consecuencia, desde el título se nos hace ingresar a un mundo insólito, pues lo que ocurrirá será dentro de un locus que -normalmente, se supone- es el espacio de la seguridad y las certezas. Por su parte, el segundo segmento de relatos se agrupa en tormo a la frase mensajes extraviados. En este sentido, también entramos en un territorio enigmático y sobrenatural. Siempre los mensajes en la historia de la escritura han sido primordiales -tanto para bien o para mal-.

El extravío de un mensaje puede ser peor para quien deba recibirlo. El locutor de estos relatos extraviados pareciera llevarnos a un espacio ignoto que sobrepasa las experiencias de lo cotidiano. Entre ambos segmentos, por tanto, hay un hilo conductor que dejé enunciado al principio. Estimo que después de haber acabado la lectura del libro de Acevedo Ferres estos pueden ubicarse en la nomenclatura de los relatos fantásticos, denominación de varias connotaciones que los teóricos -entre ellos, Tzvetan Todorov- han desmenuzado ad infinitum. Pero también me da la impresión de que el autor transita por los senderos de las temáticas neogóticas y de lo maravilloso. En realidad, el lector/ a percibirá estéticamente lo que estoy planteando.

En su portada, la obra de Cristóbal Acevedo Ferrer apunta hacia los derroteros de lo fantástico. El paratexto es una casa en medio de una arboleda donde se aprecia un jardín que hace de antesala, todo en una tonalidad entre gris y amarillo. La casa sobresale porque tiene una estructura señorial. El título principal -que le da nombre al primer segmento- nos indica que la verdadera protagonista es efectivamente dicha construcción. En el relato universal la casa Usher es el referente.

Todos los relatos nos hacen participar de historias donde sin darnos cuenta pasamos de la cotidianeidad hacia un espacio donde las reglas de la razón y de la cientificidad están fuera de órbita. Estamos, por tanto, en el ámbito de lo fantástico -y no entro en las disquisiciones modélicas que se han establecido teóricamente. “Hormigas” es un microrrelato perfecto, mientras que “Gárgolas en la lluvia” entra en plenitud en los senderos de neogótico-fantástico, siendo un texto notable. Lo mismo ocurre en el segmento segundo donde descuella “La herencia de Napoleón” en medio de los Andes, o el minuto de la Creación.

En definitiva, Cristóbal Acevedo Ferrer -de profesión abogado- en esta su opera prima demuestra un talento escriturario y una imaginación que “cautivará y capturará al lector, provocándolo, cuestionando de manera profunda sus certezas de la vida real y racional”, como lo dice en el prólogo el escritor Diego Muñoz Valenzuela.

Ficha técnica:

Cristóbal Acevedo Ferrer

Expediciones domésticas

Editorial Forja, 2020, Santiago

81 páginas

Del humanismo sin oyentes a la maldición sin líderes

24 agosto, 2021

Bajo capa de recopilación, el libro “Chile: los dilemas de una crisis”, de Luis Riveros Cornejo -ex rector de mi Universidad de Chile y ex Gran Maestro de la Masonería- contiene un balance apabullante de aquello que no atinamos a evitar en los diez últimos años. Es un seguimiento, con datos duros, de lo que antes temíamos y ahora estamos sufriendo.

“Es importantísimo que los primeros discursos que un niño oiga sean a propósito para conducir a la virtud”. Platón

Prólogo para una lectura

Un mediodía de agosto de 2002, Julio César Rodríguez y Mirko Macari, entonces jóvenes periodistas, fueron a mi oficina de la Facultad de Derecho para engancharme como columnista de La Nación Domingo. Era un proyecto en desarrollo, que pretendía chasconear el vetusta diario oficialista y me querían como experto internacional. Sin embargo, un reciente libro mío –“Chile, un caso de subdesarrollo exitoso”-, les había ampliado la propuesta, pues era sobre política interna y -cito a Mirko- “escrito de la manera más políticamente incorrecta posible, para explicar por qué no podemos despegar del Tercer Mundo”. Ambos lo decodificaron como una ratificación por reversa del pronóstico de Aníbal Pinto, según el cual Chile era “un caso de desarrollo frustrado”. Recuerdo el episodio pues, veinte años, después leo: “Chile: los dilemas de una crisis”, libro de Luis Riveros Cornejo, ex rector de mi Universidad de Chile y ex Gran Maestro de la Masonería. Bajo capa de recopilación, contiene no ya otro pronóstico, sino un balance apabullante de aquello que no atinamos a evitar en los diez últimos años. Es un seguimiento, con datos duros, de lo que antes temíamos y ahora estamos sufriendo.

Amarga vita

¡Que te toque vivir tiempos interesantes!

Así reza una maldición -dicen que china-, complementaria del lamento del Galileo Galilei imaginado por Bertolt Brecht: “Ay del país que necesita héroes”

Hoy los chilenos vivimos tiempos más que interesantes y ni siquiera hay que explicarlo, pues sus síntomas están a flor de piel. Quizás la situación más gráfica sea la de quienes antes soñaban con la casa y el auto propios y ahora sufren la pesadilla del portonazo.

Por añadidura, la pregunta recurrente es: ¿dónde está el Estado en forma y de derecho del que antes nos ufanábamos? La mala noticia es que se trata de una pregunta retórica. Todos sabemos que no está. Y, peor aún, los héroes no asoman.

En este contexto, el libro de Luis Riveros es un condensado cronológico de esa peripecia amarga. Sus casi doscientas páginas contienen columnas, conferencias y ensayos de la última década, que fueron mostrando el tránsito desde los diagnósticos precoces hasta el enjambre de crisis en que estamos. Con su talante de humanista laico, independiente y universitario, el autor había alertado sobre cada uno de nuestros déficit. Incluso había planteado la necesidad de una refundación democrática de la República.

Para muestra, selecciono y refraseo diez de sus advertencias fundadas:

  • Los déficit de la educación nacional están en el límite, en todos sus niveles.
  • Los partidos políticos sobreviven en estado de repudio.
  • El gobierno no está gobernando.
  • La democracia está enferma.
  • La república está moribunda.
  • Los estallidos se encadenan.
  • Hay una nueva guerra de Arauco.
  • Hace falta un “gobierno de unidad nacional”.
  • El rol salvífico de una nueva Constitución es ilusorio.
  • Surge el peligro de un poder dual destituyente.

Leídas aisladamente, en su momento de emisión, los dirigentes políticos del sistema las decodificaron como el alarmismo sin causa de Pedrito y el lobo. Pero, leídas hoy, en bloque, demuestran que no supieron leer la realidad y que los políticos antisistema las leyeron con su sesgo.

La explicación más plausible es que los primeros no tuvieron intelectuales militantes que se las explicaran y los segundos recurrieron a la tesis histórica de sus “intelectuales orgánicos”. Esa según la cual “tanto peor (para el sistema), tanto mejor (para nosotros)”.

El opio de los políticos

Aunque no sea consuelo de inteligentes, este mundo de Mad Max, con pandemia incluida, es el mal de muchos. Afecta a demasiados países con estructura democrática y parece vincularse con esa mala lectura del fin de la guerra fría que hizo Francis Fukuyama. Con la coartada del “fin de la Historia” políticos de mando largo pero seso corto creyeron que con el socialismo real fuera de juego podían pasar del estado de alistamiento al estado de disfrute del poder.

Para esos políticos ya no era necesario cortarse las venas para defender la democracia, mejorar la enseñanza para proyectarla y ejercer la austeridad para representarla. A nivel de la superpotencia hemisférica, ello explica por qué un político intelectual e incluido, como Barack Obama, fue reemplazado por un golpista bárbaro y excluyente como Donald Trump.

En Chile, el bioequivalente político empezó como una querella -más bien básica- entre los autocomplacientes y autoflagelantes de la Concertación y está culminando con una cascada de efectos interrelacionados. Entre ellos, el ocaso de los líderes / la intolerancia del poder sin ideas / la hegemonía de los operadores sin doctrina / los juegos de tronos supeditando los proyectos-país / el imperio del clientelismo raso / la postergación de los jóvenes militantes bien dotados / el olvido de la excelencia en la administración del Estado / el empoderamiento de los “revoltosos” / el desborde del Estado y … el temible fantasma del vacío de poder.

Por eso, la opinión pública sobre los políticos es la que consigna este libro de Riveros y ratifican todas las encuestas: dejaron de ser representativos de sectores sociales distinguibles y mutaron en una clase en sí, con intereses comunes de sobrevivencia. Esto, con el agravante del altísimo costo para el erario de sus cada vez más discutibles servicios. Nada que ver con el concepto histórico de la “dieta” austera.

Todo lo cual explica que, con una manada de lobos a la vista, nuestros políticos fingieran ignorarla, trataran de minimizarla o terminaran endosándola al alarmismo de los intelectuales. Se autoaplicaron, así, un viejo aforismo sobre el poder: “Si alguien te dice la verdad, regálale un caballo para que pueda huir”.

Mis 7 conclusiones

1.- Este libro demuestra que el clivaje derechas-izquierdas hace rato dejó de ser lo que era. Está siendo desplazado por el de quienes siguen valorando la democracia representativa, con distintas propuestas de reforma, y quienes creen que se trata de un sistema obsoleto, con distintas propuestas de revolución.

2.- Desde esa mirada, es la historia de cómo, ante la falta de adversario o enemigo estratégico global, los dirigentes de partidos políticos sistémicos se volcaron a la administración de lo vigente. Por imprevista añadidura, la caducidad de las ideologías totales se fundió con la deserción militante de sus intelectuales solventes.

3.- De manera tácita, esto obliga a adjetivar la relación partidos-democracia. Para ese efecto, el lector puede desclasificar el siguiente silogismo: La democracia necesita buenos partidos políticos / Los buenos partidos necesitan intelectuales genuinos / sin buenos intelectuales la representatividad es un rito sin contenido.

4.- Como contracara de lo anterior está la narrativa de un empoderamiento anunciado: el de quienes quieren rehacer nuestra historia, arrinconar la cultura del libre debate, implantar un sistema innominado y terminar con la identidad de Chile como actor nacional unificado

5.- En el trance vigente, el humanismo democrático ratifica que la educación nacional no puede delegarse en Google, las redes sociales ni en los periodistas predicadores. Habría que escuchar más a los académicos independientes y recordar que, en mejores tiempos, las universidades eran centros de reflexión y propuesta a la sociedad.

6.- Las advertencias del libro están confirmadas con el doble sinceramiento de los actores antisistémicos de talante violento. Para éstos, “el estallido” del 18-O fue una “revuelta” y esa revuelta es la base de la nueva Constitución en trámite.

7.- Quienes conocen la soledad del escritor chileno de fondo y medio fondo, descubrirán aquí la soledad de los columnistas que tratan de razonar con sus lectores, en los pocos segundos que dura una carrera corta.

Volviendo al prólogo

El “subdesarrollo exitoso” a que aludí en mi libro de 2002 se exteriorizaba en el orgullo pueril de ser los mejores en América Latina, en la autoadmiración por nuestra corrupción pequeña (léase, inferior a la de otros países) y en el pobre papel asignado a escritores y artistas.

Hoy está claro que aquello configuraba una relación inversa con la cultura del humanismo, laico o cristiano, base necesaria del desarrollo integral. Si antes era la quinta rueda del coche, con autofinanciamiento obligado, hoy su debilidad explica la fuerza de los otros.

Por eso, la cadena de advertencias de Luis Riveros no equivale al frustrante “yo lo dije” de los egoadictos. Es una convocatoria para defender causas que antes parecían evidentes, como el libre debate democrático, la participación informada de los ciudadanos y la solidaridad en la equidad social.

Desde esa perspectiva empalma con un sabio aforismo antifatalista, que aprendí en mis andanzas por el Medio Oriente: “Si estamos ante un callejón sin salida / la única salida está en el callejón”.

Chile: los dilemas de una crisis

Bajo este título se presentó el libro concerniente al problema social y político chileno que contiene material publicado a lo largo de los diez últimos años. La tesis central que se desarrolla consiste en que fueron advertidos de manera sistemática y explícita los riesgos que envolvía la manifiesta y creciente inquietud social y la actividad política asociada a la misma Se advirtió muchas veces que había una crisis institucional en ciernes, lo que fue negado por actores políticos relevantes argumentando que era “una exageración”. Autoridades de sucesivos gobiernos simplemente acallaron las advertencias, y la dirigencia política desoyó el llamado a atender prioridades así impidiendo abordar los problemas planteados desde distintos campos de la política pública. O sea: no se quiso actuar enfrentando los conflictos enunciados y en desarrollo, y se continuó con una política que atendía solamente las prioridades establecidas por la elite, en su afán de priorizar aspectos electorales y slogans vacíos de contenido. La política hizo todo para alejarse los intereses de la gente y el gobierno también se encapsuló en un palmario inmediatismo y carencia de visión a largo plazo. El periodismo hizo lo suyo, alentando la farándula política, envolviéndose en las poco significativas disputas entre sectores y llevando a la ciudadanía mensajes superficiales de un cierto conformismo. Durante al menos una docena de años, fue éste el panorama que alentó una creciente decepción ciudadana, alimentando un ausentismo electoral que en el fondo era una forma de protesta agudizada conjuntamente con manifestaciones que fueran aprovechadas para ejercer violencia y fomentar el temor.

“Fueron treinta años…” se clamó, así indicando que el problema social, económico y político se venía arrastrando por mucho. Sin embargo, cuando se observan esos 30 años en base a las estadísticas se descubre que no sólo hubo un inusitado crecimiento y estabilidad económica, permitiendo a Chile sobresalir en la región y el mundo, sino también que se observó un progreso significativo en materia de disminución de la pobreza, mejoría en la distribución del ingreso y aumento del gasto social. Los protagonistas de esos alcances parecieron ignorarlos, y varios de ellos llegaron a lamentarlos! La cuestión es que eso proporcionó una señal que avivó los ánimos de protesta y sus patrocinadores políticos, porque además, efectivamente, la clase media había seguido esperando y no se hizo lo suficiente en materia de educación y salud públicas y, además, porque la clase política decidió no hacer nada en materia de pensiones. Cuando el país podía, no se hizo el debido esfuerzo otorgando señales de preocupación por las cosas que efectivamente importaban a la gente. Se prefirió dejar las principales materias sin abordarlas, en un esfuerzo transversal de la política en pos de su insignificancia. Con ello se estimuló la denuncia sobre la gravedad de problemas que en su raíz ya no existían, pero que permitían a varios actores políticos azuzar el inconformismo y la violencia. Efectivamente, además, el país no logró avanzar sensiblemente en materias concernientes a obtener una mayor integración social, a eliminar la desconsideración por el otro, a minimizar el sentimiento de apartheid que siguieron viviendo los más marginados. Adicionalmente, el sistema dio la señal de una justicia ineficaz y que discriminaba favoreciendo siempre a los más ricos. El escenario para lo que sucedió en Octubre del 2019 había sido perfectamente diseñado.

Colocados ya en frente de la solución que los actores políticos dibujaron ante la explosión causada por su propia desconsideración de temas esenciales, el tema es en qué forma una nueva Constitución podrá abordar las fallas que subsistieron y fortalecer los éxitos que se vivieron. En este sentido el libro llama a que exista una verdadera reflexión sobre el Chile que queremos para el próximo medio siglo, u tema sobre el cual el estamento político nunca ha tenido un real pronunciamiento. Ese “Chile ideal” debería ser la base de las discusiones sobre el articulado de una nueva Constitución. 

“Chile: los dilemas de una crisis” (Editorial FORJA: www.editorialforja.cl) reproduce muchos artículos publicados en ESTRATEGIA y otros medios durante el último decenio, además de elaboraciones del autor en materia de política pública. Merece una inspección y meditar sus ideas, así contribuyendo a equilibrar el debate, dando un horizonte de largo plazo en el afán de la política pública, y recuperando lo bueno que debemos legar a las futuras generaciones, corrigiendo todo lo que sea necesario en un ambiente de libertad y responsabilidad política.

Prof. Luis A. Riveros